domingo, 29 de agosto de 2010

Pon tu mejor sonrisa (Segunda parte)



5

Al día siguiente, a las nueve y media de la mañana puntualmente llega Avellaneda con la transcripción de del interrogatorio a la oficina de Matus.

Matus los recibe sin dar ni siquiera las gracias

-Te puedes retirar- dijo y comenzó a leer.

Carmen Gloria Fuentes, 55 años, Cajera. Relación con la víctima: compañeros de trabajo.

“Yo conocí al Luis hace dos años cuando vino a pedir trabajo, dijo que venía del norte y necesitaba plata, era buen cabro y muy caballero también… tranquilito… sí, siempre tomaba los turnos de noche, no sé por qué, quizás le acomodaba mas, quien sabe… no se merecía lo que le pasó y menos de esa forma tan… tan… no se… ¿Cómo? No se ná de eso que me pregunta ”

Freddy Gómez Asenjo, 25 años, Pioneta. Relación con la víctima: Compañero de trabajo y amigo.

“Con el Luis nos queriamo caleta, los sábados siempre íbamos a jugar pool allá en la calle Blanco al lado del Dream House ...la última vez que lo vi fue esa tarde cuando llego tomar el turno… ¿de ánimo?... normal como todos los días no ma… No sé si tenía alguna relación con alguien pero los hocicones andaban diciendo que él tenía algo con una niña mucho mah chica que él… No, nunca tuvo atados con nadie aquí, era piolita… Esa noche estuve en mi casa descansando el día anterior tuvimos un día muy pesao”

Pedro López Martínez, 60 años, Panadero. Relación con la víctima: Compañero de trabajo y amigo cercano

“Yo quería mucho a ese cabro, era como bien pa adentro eso si, no contaba mucho sus cosas, conversaba conmigo arto eso si… la última vez que lo vi fue cuando nos topamos cuando cambiábamos de turno… discúlpeme es complicao pa mi hablar. Aun pueo ver… ay señor… está bien… Sí, es cierto, él tenía una relación de varios meses con una chiquilla joven… La hija del Roberto, el que reparte el pan en la camioneta, no quería que nadie lo supiera y menos él pues que es bien impulsivo… ¿esa noche? Estuve con mi mujer hasta que aproximadamente las cinco ma o meno, luego me duche y me vine a trabajar… nunca pensé que… que… lo siento… no puedo quitarme esa imagen de la cabeza…

Roberto Flores Gallardo; 47 años, repartidor. Relación con la víctima: compañero de trabajo.

“Algo escondía ese cabro, me daba muy mala espina, como que miraba desconfiao siempre, igual no se merecía lo que le pasó… esa noche estuve en mi casa… vivo solo con mi hija, mi señora murió hace tiempo… ¿ella? 17 está por salir ya… esa noche la ayude a estudiar para una prueba que tenía… la última vez que lo vi fue el día anterior a su… no lo veía mucho nunca nos topábamos en los horarios… a veces lo veía en la mañana… ¿algún problema personal con él? No ninguno… los cahuines vuelan parece señorita… sí, yo se que ellos tenían un relación…Noooo, a mí nunca me gusto… no, ellos no sabían que yo sabía…mire, no sé si usted es mamá y tampoco me interesa, pero creo que un tipo de veintiséis años debería estar con una niña…

Manuel Thompson Urrutia, 52 años, Dueño de la panadería Quilpué; relación con la víctima: Empleador.

“El llego a trabajar aquí hace como dos años, venía del norte y le di el trabajo porque se notaba que necesitaba la pega… No, nunca falto al trabajo… Bueno esa noche estuve acá en mi casa con mi mujer desperté cuando sentimos el olor y Pedro nos fue a avisar… la última vez que lo vi fue esa misma noche, como a las dos de la mañana mas menos , siempre me acuesto como a esa hora, tengo que ver que todo está bien, aparte él quería hablar conmigo… solo un asunto monetario, quería que le adelantara algo del sueldo, dijo que este mes había quedado corto de plata… si se que nos son horas para hablar esos temas, pero supongo que era para que nadie supiera que estaba mal de plata… no sé, no soy detective… es una lástima lo que le paso… era joven… una vez me contó que le gustaría estudiar… eso nunca me lo dijo, pero le gustaba leer… no tenía idea de esa relación, bueno la niña siempre venía para acá, yo pensé que era para ver a su papá… no, jamás le conocí familia…

6

Luego de leer las declaraciones en su oficina, de aburrido sacó un trozo de papel con el cual pretendía hacer un origami pero fue interrumpido por el sonido del teléfono.

-Aló - contesto Matus

-Comisario, el doctor Lazcano acaba de llegar con su informe – dijo la chillona voz de la secretaria.

-Ok Tatiana, voy altiro- colgó el teléfono y salió de su oficina.

Lazcano, es médico forense. Un tipo de estatura media, un tanto metrosexual y amanerado. Es tan fino y correcto que llega ser insoportable. Para él también era una lata tratar con Matus ya que detestaba su mal gusto, su ponchera, sus corbatas mal puestas y mal confinadas, detestaba su pelo largo, su barba y sus patillas de los años sesenta. En cambio para el Avellaneda era lo máximo, le encantaban sus pañuelos al cuello, su elegancia sencilla. Por como la miraba se notaba que no era homosexual y a la detective le cargaba eso. Desde que egresó, hace muy poco de hecho, sus compañeros no paran de mirarla y no es para menos. Avellaneda tiene un cuerpo privilegiado, unos ojos oscuros profundos y una sonrisa de comercial de pasta dental, no ocupa mucho maquillaje y le encantan usar blusas escotadas que hacen lucir mucho más su largo cuello y su colección de lunares en el pecho. A Matus le desagrada tanto la “niña matea” del equipo que no le provoca nada.

-Matus te estaba esperando –dice irónicamente y este le responde con una cara de “no me weis”

-Señorita Avellaneda, cada día más linda - y la saluda con un beso en la cara

-Lazcano, cada día más jote.- Y le sonríe sarcásticamente

Matus esboza una sonrisa y evita que sea vista por Avellaneda

-Trajiste el informe o viniste solo a ver a Avellaneda.

-Ambas cosas jjajaja – rió solo como si él no más hubiera entendido el chiste y continúo.

-Poniéndonos serios y para decir verdad nos costó arto. El estado en que se encontraba el cuerpo no nos ayudó mucho, tenía el noventaiocho porciento de cuerpo quemado, pero bueno, esto fue lo que encontramos: se calcula que fue asesinado entre las cuatro y media y las cinco y media de la madrugada, falleció producto de reiterados golpes en la cabeza con algún objeto contundente. Se encontraron bastantes hematomas en la cabeza y el cráneo roto. También se encontró en sus manos rastros que nos indican que se defendió con los puños. Se pude inferir que lo arrastró por el lugar, quizás con qué intención, se estima que luego se aquello metió a Luis Guerra en ese horno. El examen toxicológico nos dirá si hay indicios ninguna sustancia extraña.

- ¿algún rastro de pelo, tela, qué sé yo?

-No, y si es que hubo algo el fuego se encargó de eliminarlo.

-hijo de puta- murmuró

-¿Quién fue a reconocer el cuerpo?- intervino Avellaneda

A la pregunta de Avellaneda, Lazcano buscando el papel dentro de la carpeta, respondió

- Fue su hermano, el señor… -leyendo- René Guerra Mardones, su hermano.

- ¿Del Norte?- pregunto Matus confundido.

-No, de Quillota. Nos contó que vivía ahí antes de que él se fuera a trabajar en una mina en el norte. Luego, no sé porque, llegó a Quilpué a buscar pega.

-Comisario, antes de que se me olvide – interrumpió Avellaneda ignorando la cara de baboso del médico que la seguía con la vista- Con los demás hicimos unas preguntas a los vecinos de Guerra.

-¿y?

-Pocos lo conocían, lo veían solo cuando tenía los turnos de día, pero al igual que sus compañeros de trabajo decían que es un hombre reservado. Solo una señora de edad manifestó que un día lo vio muy cercano a una joven escolar.

-le gustaba el pasto tierno –dijo desubicadamente Lazcano y nuevamente rió solo.

-La hija de Flores, no hay duda- pensó Matus y luego se dirigiéndose al médico dijo

-Lo siento Lazcano pero nosotros nos vamos.

-¿A la casa de la menor?- preguntó Avellaneda

Matus asintió con la cabeza con una cara burlona y luego hizo un gesto queriendo decir pobrecita o quizás una palabra peor.

7

La panadería volvió a abrir sus puertas al público y todo fluía como si nada hubiera pasado. Pasó casi a ser un tema tabú entre los trabajadores. La única que no para de cotorrear con las clientas sobre el tema era Carmen Gloria, quien ya había distorsionado todos los hechos.

-Pero señora, si así fue, lo descuartizaron y lo metieron en ese horno. Uuuuuuuy terrible…Pa mi que fue uno de estos viejos que le tenía mala… No si ahora una no se puede confiar de nadie oye, te das vuelta y te entierran el puñal o te meten al horno jajajaja – comentaba con las señoras que iban a comprar su pan para el desayuno.

Estos comentarios lo único que hacían era solo alejar mas la clientela, lo que tenía enfermo a Don Manuel. Incluso la gente ha dicho que se niega a comer pan con “fiambre”. Casi toda la Cuidad se alborotó con el cruento hecho delictual y mas con el hecho de que aun no encuentran a infeliz que quemó vivo a Luis.

-¡Wena chascón! – Le dijo el pioneta al ver a luis Felipe saliendo de la panadería

-Hola Freddy ¿Cómo estay?

-Aquí ya más tranquilo ya. Igual me he acordao caleta del loquito. Ha sido cuatico lo que ha pasao, yo cacho que pa todos.

- y no es pa menos po huevón.

- era re tela el Luchito…- se notó un poco de melancolía en su rostro y Luis Felipe puso su mano en su hombro a modo de consuelo.

-Y vo ¿pa onde vay?¿A ver una minita?

-No pasa, si toy mas solo que…

- Oye y viste a la rati. Ta más o menos ¿sí o no? ta pa hacerla tira jajajaja

Ambos rieron y Freddy sin vergüenza sonrió. Su dentadura no era la mejor cuidada, se notaba que fumaba demasiado, incluso le faltaba un pedazo pequeño de una de sus paletas. Su alegría fue interrumpida por la bocina de la camioneta que manejaba Roberto Flores.

-ya déjense de comadrear. Y vo Freddy súbete al tiro que estamos atrasados- Dijo gritando desde la camioneta.

Roberto Flores tiene un tono de voz bastante ronco y carraspeado, es calvo y de cuerpo macizo. Un uno de sus anchos brazos se puede apreciar un gran dragón tatuado. En su cara tiene un gran bigote tipo mexicano, ojos achinados y una pequeña argolla dorada en su oreja.

-Ya voy Don Robert- le gritó

-Chau compañero tenga cuidao- despidiéndose de Luis Felipe

-¡¡Ya po Freddy oh!!- Gritó nuevamente apurando al pioneta y este corrió a subirse, una vez adentro desaparecieron entre las calles. Luis Felipe se acercó donde estaba la camioneta y notó que a Freddy se le había caído la billetera.

-Después se la pasaré… pensó

Iba retomar su rumbo y de la nada apareció su mamá con una caja llena de diarios viejos.

-Felito, anda botarme estas cuestiones al contenedor de la esquina porfa. Dijo en un tono dulce y Luis Felipe hizo caso un la cara llena de risa.

El caso tenía tan ocupada su cabeza haciéndose preguntas y más preguntas. Reconstruyendo la escena una y otra vez en su imaginación. Sumado a esto la presión que tenía por tener un buen resultado en la PSU que estaba pronto a dar, Luis Felipe no se dio cuenta que estaba cruzando con rojo y raudamente cruzó el paso de cebra para no ser atropellado por un auto que tocaba la bocina, tropezándose con la berma al llegar a la veredera. Cayó al suelo y los diarios quedaron desparramados por todo el lugar. Los recogió reclamando y se detuvo en un Mercurio que traía un reportaje sobre Roberto Ampuero, autor que no lo encontraba tan espectacular como la prensa lo pintaba pero lo entretenía. Lo apartó de los demás y dejó los otros en el container.

Sintió una vibración en su bolsillo, sacó su celular y lo contestó.

-Aló Diego, sí, si voy para allá. Tuve un pequeño inconveniente.

8

-Esta es la casa de Flores ¿Esta en la panadería no es cierto?

-Sí comisario y la niña debe estar en la casa, sus clases terminaron hace más de una hora- dijo Avellaneda.

-Perfecto.

Ambos se bajaron de su auto gris y se dirigieron camino a la casa de Flores. Era una casa de ladrillos, sin reja, de esas que entrega el gobierno. Se notaba que tenía sus años y que a Flores o a ella le gustaban las plantas, ya que el ante jardín estaba lleno de estas. Un quiltro, seguramente de algún vecino no paraba de ladrarle a Matus y en la casa de al lado una anciana tiene a todo volumen su televisor viendo su teleserie brasileña de la hora de almuerzo. Tocaron el timbre y la niña se asomó por la ventana, mostrándose asustada. Luego abrió la puerta.

-Muy buenas tardes, estamos buscando a la señorita Matilda Flores.

-Soy yo ¿que necesitan?- pregunto asustada

-Somos de investigaciones, solo queremos hacerle unas preguntas acerca de Luis Guerra ¿Lo conoce?

Matilda no respondió y su cara demostraba incomodidad.

-Es muy importante su declaración, nos servirá para esclarecer la muerte de Luis.- Dijo Avellaneda en un tono que le transmitió toda la confianza necesaria para hacerlos pasar. Una vez sentados en el living de la casa la joven dijo

-No sé en que pueda ayudarlos, de verdad. ¿Qué es lo que quieren saber?

-Qué tipo de relación tenía con él, por ejemplo- Dijo Matus fríamente

-¿Qué?

-Sabemos que debe ser difícil para ti todo esto, pero tú nos puedes ayudar a llegar a algunas respuestas.

Matilda se quedó pegada mirando el piso y su rostro comenzó a entristecer y poniéndose ambas manos en la cara comenzó a llorar.

-El Luis no le hacía mal nadie…- dijo entre sollozos y continuó llorando

Avellaneda se dirigió a la cocina y le trajo un vazo un agua, se lo tomó rápidamente. Pasaron aproximadamente diez minutos, Matilda se tranquilizó y accedió a colaborar con la investigación.

-Sí, era un poco mayor que yo- dijo la joven.

-¿Diez años es poco señorita?- preguntó el comisario totalmente insensible

A Avellaneda le molestó el comentario, le dio un codazo y lo miró con cara una cara que a cualquiera le darían ganas de salir corriendo.

-¡y eso a usted que le importa!- grito enojada la escolar y Matus continuo

-¿Hace cuanto tiempo estaban juntos?

-Hace un año y medio más o menos

- y cómo lo conociste

- Lo conocí un día que fui a dejarle el almuerzo a mi papa, y mientras lo esperaba se me acercó y empezamos a conversar. Luego nos seguimos viendo en secreto casi todos los días, comenzamos a salir, ya a los tres meses de estar juntos decidió tomar los turnos de noche para estar conmigo en la tarde, aparte que para que mi papa no se diera cuenta de que estábamos juntos- cerró los ojos y dio un gran suspiro y comenzó a llorar en silencio.

-¿Intimaron?

Matilda comenzó a llorar mas fuerte irritada y entre sollozos contestó

-El jamás me obligo a hacer nada que yo no quisiera, siempre me respetó.

-Una última pregunta ¿A qué hora llega tu papá más o menos?

-Mi papá… depende. A veces llega temprano, a veces más tarde y a veces ni llega ¿Por qué, pasa algo con él?

Avellaneda ignoró la pregunta de Matilda y preguntó- y el lunes en la noche ¿llegó?

-Sí pero salió en la noche como a las once después de ayudarme a estudiar para una prueba. Me quede chateando un rato hasta que me dio sueño y me fui a acostar, aun no había llegado a esa hora.

- y a qué hora te levantaste el día siguiente

- Un cuarto para las siete más o menos. Como a esa hora me levanto para ir al colegio. Él no estaba en su cama, pero estaba deshecha.

-¿Y tu papá como a qué hora se va a la pega regularmente?

-como a las ocho más o menos ¿por qué tanta pregunta?


Continuará...

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