domingo, 22 de agosto de 2010

Pon tu mejor sonrisa (Primera parte)


“Me interesa saber que se esconde tras las limpias fachadas, tras los visillos de las casas, explorar los recovecos tortuosos de la existencia. Soy como un detective que destapa lo que los demás ocultan. Y es que este mundo de hoy no es un lugar tan maravilloso como dicen. No es el sueño más brillante”.

David Lynch

1

-Me deja aquí por favor, en la panadería.

Son las seis de la mañana y el vehículo se detuvo dejando a Don Pedro en las afueras de su lugar de trabajo, la panadería Quilpué, ubicada cerca del centro de aquella ciudad. Era un amanecer como todos los días. Los gorriones empezaban a trinar, los buses del terminal que queda ubicado casi al frente iban camino a Santiago, el cielo estaba cubierto de nubes y el sol de a poco empezaba a sacar las tinieblas de la noche.

Abre el portón. Siente un olor asqueroso e indescriptible entre pan y carne quemada. Siguiendo el olor se dirige a la amasandería, al abrir a puerta lo recibe una humareda terrible que le dificultaba la visión.

-Que mierda pasa aquí… apuesto que al Lucho se le quedo el horno prendió otra vez.

Se acerca al horno con desconfianza y con las manos temblorosas. Abre la puerta lentamente, al abrirla como una llamarada se siente golpeado por una nube de humo toxico y un calor infernal. El humo se disipa y ve algo que lo deja perplejo, sin aire… el cuerpo de su compañero sobre el pan quemándose dentro del horno industrial. Lo observa aterrado, aun no lo cree, no cree que aquel cuerpo rostizado es su amigo Luis. Intenta gritar y no puede. Toma una decisión.

Sale de la panadería y se dirige a la casa de su jefe, Manuel Thompson quien vive en la casa de al lado. Empieza a pegarle patadas a la puerta desesperado mientras grita

-¡Don Manuel! ¡Don Manueeeel!!!- mientras seguía golpeando- ¡Don Manuel!

Don Manuel abre la puerta y lo hace pasar. Estaba su esposa y su hijo también en el living quienes habían despertado a causa del olor. Todos lo miraban esperando una respuesta.

-Pedro ¿qué pasó?- preguntó seguro tratando de esconder su temor

-Don Manuel…. el Lucho ¡esta muerto adentro del horno!

Las caras de los presentes se deformaron de tal manera que ninguno pudo hablar, el espanto silencioso se apodero del living de los Thompson… quedando todos absortos ante tan cruenta noticia.

2

La panadería de los Thompson se vio repleta de gente mirando curiosa la cinta plástica amarilla con la leyenda “No pasar, escena del crimen” y también de detectives de la Policía de investigaciones que intentaban recoger la mayor cantidad de antecedentes.

-Avellaneda, ahí viene Matus.

El Vehiculo del Comisario Matus se acercaba al lugar de los hechos con la radio a todo volumen escuchando “Love two times” de The Doors. Al momento de estacionarse no ve a Avellaneda y casi le tira el auto encima. El comisario hizo caso omiso a su acto y apagando la radio se bajó del auto dirigiéndose al lugar de los hechos.

La joven detective un poco irritada lo siguió para entregarle la información que habían recolectado.

-Comisario, la policía civil ya retiró el cuerpo, correspondía a Luis Antonio Guerra Mardones, se desenvolvía como panadero en el turno nocturno que va desde las ocho de la noche hasta las ocho de la mañana, información que se me fue entregada por el señor Manuel Thompson Urrutia, dueño del negocio y de la propiedad que esta paralela a esta, donde reside. Se presume que falleció antes de las seis de la mañana, se lo llevaron con destino al instituto médico legal donde se redactara el informe forense que nos puede aportar nuevos datos… ¿Por qué la demora Comisario?-

Matus se detuvo.

-¿Perdon niña?... ¿Cuál es tu apellido?

-Avellaneda- respondió

-Señorita Avellaneda, limítese sólo a entregarme información.

-Lo siento comisario- dijo no disimulando su rabia y frustración y continúo.

-Los peritos acaban de terminar de revisar el lugar de los hechos, obviamente aun no tenemos aun esos datos, pero mañana sin falta tendremos más información. Por lo que nos respondió la gente que pudimos interrogar se trata de un hombre joven, de edad aproximadamente veinticinco años, trabajaba hace no más de dos años acá, se presumía que era soltero y varios compañeros de trabajo nos dijeron que era un tipo bastante “especial”.

-¿En qué sentido?

-Era muy alegre pero no compartía mucho con sus compañeros de trabajo, solo un tal Pedro.

-Y ese tal Pedro donde está.

-En su casa. Es una persona de edad y tuvo problemas de presión, fue él el que encontró el cuerpo.

-Mañana hablaremos con el viejo ¿Algo más?

-Sí, un dato importante. El señor Guerra solo tomaba turnos nocturnos, solo en un principio trabajo de día.

3

El hijo de Manuel Thompson, Luis Felipe, al saber que al lado de su casa, en la panadería de su familia había ocurrido un hecho delictual más que asustarlo lo motivó a llevar a cabo su propia investigación. Este muchacho flaco, chascón y cuatro ojos intentó postular a la escuela de investigaciones y no quedó seleccionado debido a que reprobó el test psicológico y también el físico. Como premio de consuelo intentó postular a la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso pero su resultado en la Prueba de Selección Universitaria no fue el esperado y quedó en lista de espera (lista que no corrió por supuesto) En estos momentos se está preparando para dar la prueba nuevamente, sumergido entre facsímiles del Mercurio y leyendo novelas policiales.

Luis Felipe es fanático de los crímenes de ficción. Desde que en octavo básico tuvo que leer “las aventuras de Sherlock Holmes” sintió complicidad con el género. Luego conoció a August Dupin, Hércules Poirot, Jules Maigret, Perry Mason y a Heredia en libros. Alucinó con Twin Peaks, El Detective Conan, CSI, Law and order y Dexter en la televisión. Por Twin Peaks llegó al oscuro y perverso mundo de David Lynch y cuando vio Blue Velvet terminó de definir su vocación. Con ese revoltijo de detectives, asesinos, mujeres fatales, gánsteres y crímenes este investigador frustrado heredó un pensamiento analítico increíble, una habilidad para interpretar los gestos de las personas y una frialdad para desconfiar de casi todo el mundo.

Este muchacho disimuladamente interrogo a varios compañeros de trabajo de la víctima con preguntas mucho más útiles que las que hizo Avellaneda y sus compañeros. Las cuales, sin que los entrevistados se dieran cuenta, dejó registradas las declaraciones en un grabadora de mano que le habían regalado por si la lista de espera de la universidad corría. También tomó algunos datos importantes los anotaba en una pequeña libreta con la imagen de Víctor Jara que siempre llevaba con él.

4

-Señor Thompson, los peritos ya revisaron el lugar, pero volveremos mañana temprano. Necesito que por favor nos entregue una nomina con el nombre de todos sus trabajadores.

-Sí, sí tengo una la traigo al tiro – respondió Don Manuel un poco nervioso por la situación.

-Avellaneda, acompaña al señor por favor.

Avellaneda no con su mejor cara siguió al dueño de la panadería a su oficina, en ese intertanto se dio cuenta que Luis Felipe estaba en el pasillo escuchándolo todo

-Señorita me espera aquí por favor- dijo Don Manuel

Y Avellaneda se quedo en el pasillo, con Luis Felipe se miraron fijamente y él le regalo una sonrisa. La detective hizo caso omiso y al llegar Thompson se retiró.

-Pendejos, cada vez más babosos – pensó molesta luego de ver la cara de Luis Felipe. Nunca se le pasó por su cabeza que ese pendejo baboso se les había adelantado y ya tenía una fotocopia con la misma nomina.

***

Ya anocheció. Los policías hace bastante rato que se fueron del lugar y Luis Felipe estaba en sentado en su escritorio escuchando atentamente las grabaciones. Luego anota lo más importante de la declaración junto con el nombre del entrevistado que sacó de la nomina.

Da vueltas en su silla y bebe un sorbo de café en su jarro del FBI. Se levanta y pone un compilado de jazz en su computador.

Saca de una bolsa de farmacia unos guantes de hule y se los coloco como si fuera a poner una inyección, se vistió completamente de negro, tomó su mochila y casi pegado a la pared entró a la pieza de sus padres sin que estos se despertaran. Abrió lentamente la puerta de la oficina de Manuel Thompson (que estaba dentro de la pieza y esta daba hacia la panadería). Logra pasar sin ningún inconveniente y luego salió de la casa. Saca de su mochila su linterna y su cámara fotográfica y se adentra al lugar de los hechos.

La panadería de noche es un lugar tétrico, digno de un cuento de Quiroga. Solo ve sacos de harina y las maquinas que se ven horrible con poca luz, aun se sentía la angustia y la desesperación en el lugar, el aire estaba tenso y había un frio desértico. Con su cámara saca fotografías a cada rincón y luego deja su linterna en suelo, apuntando la luz hacia el techo obteniendo la iluminación perfecta. La linterna comienza a parpadear y eso le recordó a mas de una película. Sin vacilar abre la puerta del horno rápidamente, aun se sentía el olor a muerte, se acerca de a poco y encuentra algo que la PDI con todo su peritaje no pudo hallar y lo guarda en una bolsa hermética. De repente la luz de su linterna parpadea y luego se apaga, volviendo las tinieblas a reinar.

1 comentario:

ROR dijo...

Me tiene intrigado la historia hasta el momento, quiero saber que pasó, quién lo mato...

Está muy bien estructurada la historia, personajes claros y muchas imágenes ... seguiré la 2da parte.