domingo, 29 de agosto de 2010

Pon tu mejor sonrisa (Segunda parte)



5

Al día siguiente, a las nueve y media de la mañana puntualmente llega Avellaneda con la transcripción de del interrogatorio a la oficina de Matus.

Matus los recibe sin dar ni siquiera las gracias

-Te puedes retirar- dijo y comenzó a leer.

Carmen Gloria Fuentes, 55 años, Cajera. Relación con la víctima: compañeros de trabajo.

“Yo conocí al Luis hace dos años cuando vino a pedir trabajo, dijo que venía del norte y necesitaba plata, era buen cabro y muy caballero también… tranquilito… sí, siempre tomaba los turnos de noche, no sé por qué, quizás le acomodaba mas, quien sabe… no se merecía lo que le pasó y menos de esa forma tan… tan… no se… ¿Cómo? No se ná de eso que me pregunta ”

Freddy Gómez Asenjo, 25 años, Pioneta. Relación con la víctima: Compañero de trabajo y amigo.

“Con el Luis nos queriamo caleta, los sábados siempre íbamos a jugar pool allá en la calle Blanco al lado del Dream House ...la última vez que lo vi fue esa tarde cuando llego tomar el turno… ¿de ánimo?... normal como todos los días no ma… No sé si tenía alguna relación con alguien pero los hocicones andaban diciendo que él tenía algo con una niña mucho mah chica que él… No, nunca tuvo atados con nadie aquí, era piolita… Esa noche estuve en mi casa descansando el día anterior tuvimos un día muy pesao”

Pedro López Martínez, 60 años, Panadero. Relación con la víctima: Compañero de trabajo y amigo cercano

“Yo quería mucho a ese cabro, era como bien pa adentro eso si, no contaba mucho sus cosas, conversaba conmigo arto eso si… la última vez que lo vi fue cuando nos topamos cuando cambiábamos de turno… discúlpeme es complicao pa mi hablar. Aun pueo ver… ay señor… está bien… Sí, es cierto, él tenía una relación de varios meses con una chiquilla joven… La hija del Roberto, el que reparte el pan en la camioneta, no quería que nadie lo supiera y menos él pues que es bien impulsivo… ¿esa noche? Estuve con mi mujer hasta que aproximadamente las cinco ma o meno, luego me duche y me vine a trabajar… nunca pensé que… que… lo siento… no puedo quitarme esa imagen de la cabeza…

Roberto Flores Gallardo; 47 años, repartidor. Relación con la víctima: compañero de trabajo.

“Algo escondía ese cabro, me daba muy mala espina, como que miraba desconfiao siempre, igual no se merecía lo que le pasó… esa noche estuve en mi casa… vivo solo con mi hija, mi señora murió hace tiempo… ¿ella? 17 está por salir ya… esa noche la ayude a estudiar para una prueba que tenía… la última vez que lo vi fue el día anterior a su… no lo veía mucho nunca nos topábamos en los horarios… a veces lo veía en la mañana… ¿algún problema personal con él? No ninguno… los cahuines vuelan parece señorita… sí, yo se que ellos tenían un relación…Noooo, a mí nunca me gusto… no, ellos no sabían que yo sabía…mire, no sé si usted es mamá y tampoco me interesa, pero creo que un tipo de veintiséis años debería estar con una niña…

Manuel Thompson Urrutia, 52 años, Dueño de la panadería Quilpué; relación con la víctima: Empleador.

“El llego a trabajar aquí hace como dos años, venía del norte y le di el trabajo porque se notaba que necesitaba la pega… No, nunca falto al trabajo… Bueno esa noche estuve acá en mi casa con mi mujer desperté cuando sentimos el olor y Pedro nos fue a avisar… la última vez que lo vi fue esa misma noche, como a las dos de la mañana mas menos , siempre me acuesto como a esa hora, tengo que ver que todo está bien, aparte él quería hablar conmigo… solo un asunto monetario, quería que le adelantara algo del sueldo, dijo que este mes había quedado corto de plata… si se que nos son horas para hablar esos temas, pero supongo que era para que nadie supiera que estaba mal de plata… no sé, no soy detective… es una lástima lo que le paso… era joven… una vez me contó que le gustaría estudiar… eso nunca me lo dijo, pero le gustaba leer… no tenía idea de esa relación, bueno la niña siempre venía para acá, yo pensé que era para ver a su papá… no, jamás le conocí familia…

6

Luego de leer las declaraciones en su oficina, de aburrido sacó un trozo de papel con el cual pretendía hacer un origami pero fue interrumpido por el sonido del teléfono.

-Aló - contesto Matus

-Comisario, el doctor Lazcano acaba de llegar con su informe – dijo la chillona voz de la secretaria.

-Ok Tatiana, voy altiro- colgó el teléfono y salió de su oficina.

Lazcano, es médico forense. Un tipo de estatura media, un tanto metrosexual y amanerado. Es tan fino y correcto que llega ser insoportable. Para él también era una lata tratar con Matus ya que detestaba su mal gusto, su ponchera, sus corbatas mal puestas y mal confinadas, detestaba su pelo largo, su barba y sus patillas de los años sesenta. En cambio para el Avellaneda era lo máximo, le encantaban sus pañuelos al cuello, su elegancia sencilla. Por como la miraba se notaba que no era homosexual y a la detective le cargaba eso. Desde que egresó, hace muy poco de hecho, sus compañeros no paran de mirarla y no es para menos. Avellaneda tiene un cuerpo privilegiado, unos ojos oscuros profundos y una sonrisa de comercial de pasta dental, no ocupa mucho maquillaje y le encantan usar blusas escotadas que hacen lucir mucho más su largo cuello y su colección de lunares en el pecho. A Matus le desagrada tanto la “niña matea” del equipo que no le provoca nada.

-Matus te estaba esperando –dice irónicamente y este le responde con una cara de “no me weis”

-Señorita Avellaneda, cada día más linda - y la saluda con un beso en la cara

-Lazcano, cada día más jote.- Y le sonríe sarcásticamente

Matus esboza una sonrisa y evita que sea vista por Avellaneda

-Trajiste el informe o viniste solo a ver a Avellaneda.

-Ambas cosas jjajaja – rió solo como si él no más hubiera entendido el chiste y continúo.

-Poniéndonos serios y para decir verdad nos costó arto. El estado en que se encontraba el cuerpo no nos ayudó mucho, tenía el noventaiocho porciento de cuerpo quemado, pero bueno, esto fue lo que encontramos: se calcula que fue asesinado entre las cuatro y media y las cinco y media de la madrugada, falleció producto de reiterados golpes en la cabeza con algún objeto contundente. Se encontraron bastantes hematomas en la cabeza y el cráneo roto. También se encontró en sus manos rastros que nos indican que se defendió con los puños. Se pude inferir que lo arrastró por el lugar, quizás con qué intención, se estima que luego se aquello metió a Luis Guerra en ese horno. El examen toxicológico nos dirá si hay indicios ninguna sustancia extraña.

- ¿algún rastro de pelo, tela, qué sé yo?

-No, y si es que hubo algo el fuego se encargó de eliminarlo.

-hijo de puta- murmuró

-¿Quién fue a reconocer el cuerpo?- intervino Avellaneda

A la pregunta de Avellaneda, Lazcano buscando el papel dentro de la carpeta, respondió

- Fue su hermano, el señor… -leyendo- René Guerra Mardones, su hermano.

- ¿Del Norte?- pregunto Matus confundido.

-No, de Quillota. Nos contó que vivía ahí antes de que él se fuera a trabajar en una mina en el norte. Luego, no sé porque, llegó a Quilpué a buscar pega.

-Comisario, antes de que se me olvide – interrumpió Avellaneda ignorando la cara de baboso del médico que la seguía con la vista- Con los demás hicimos unas preguntas a los vecinos de Guerra.

-¿y?

-Pocos lo conocían, lo veían solo cuando tenía los turnos de día, pero al igual que sus compañeros de trabajo decían que es un hombre reservado. Solo una señora de edad manifestó que un día lo vio muy cercano a una joven escolar.

-le gustaba el pasto tierno –dijo desubicadamente Lazcano y nuevamente rió solo.

-La hija de Flores, no hay duda- pensó Matus y luego se dirigiéndose al médico dijo

-Lo siento Lazcano pero nosotros nos vamos.

-¿A la casa de la menor?- preguntó Avellaneda

Matus asintió con la cabeza con una cara burlona y luego hizo un gesto queriendo decir pobrecita o quizás una palabra peor.

7

La panadería volvió a abrir sus puertas al público y todo fluía como si nada hubiera pasado. Pasó casi a ser un tema tabú entre los trabajadores. La única que no para de cotorrear con las clientas sobre el tema era Carmen Gloria, quien ya había distorsionado todos los hechos.

-Pero señora, si así fue, lo descuartizaron y lo metieron en ese horno. Uuuuuuuy terrible…Pa mi que fue uno de estos viejos que le tenía mala… No si ahora una no se puede confiar de nadie oye, te das vuelta y te entierran el puñal o te meten al horno jajajaja – comentaba con las señoras que iban a comprar su pan para el desayuno.

Estos comentarios lo único que hacían era solo alejar mas la clientela, lo que tenía enfermo a Don Manuel. Incluso la gente ha dicho que se niega a comer pan con “fiambre”. Casi toda la Cuidad se alborotó con el cruento hecho delictual y mas con el hecho de que aun no encuentran a infeliz que quemó vivo a Luis.

-¡Wena chascón! – Le dijo el pioneta al ver a luis Felipe saliendo de la panadería

-Hola Freddy ¿Cómo estay?

-Aquí ya más tranquilo ya. Igual me he acordao caleta del loquito. Ha sido cuatico lo que ha pasao, yo cacho que pa todos.

- y no es pa menos po huevón.

- era re tela el Luchito…- se notó un poco de melancolía en su rostro y Luis Felipe puso su mano en su hombro a modo de consuelo.

-Y vo ¿pa onde vay?¿A ver una minita?

-No pasa, si toy mas solo que…

- Oye y viste a la rati. Ta más o menos ¿sí o no? ta pa hacerla tira jajajaja

Ambos rieron y Freddy sin vergüenza sonrió. Su dentadura no era la mejor cuidada, se notaba que fumaba demasiado, incluso le faltaba un pedazo pequeño de una de sus paletas. Su alegría fue interrumpida por la bocina de la camioneta que manejaba Roberto Flores.

-ya déjense de comadrear. Y vo Freddy súbete al tiro que estamos atrasados- Dijo gritando desde la camioneta.

Roberto Flores tiene un tono de voz bastante ronco y carraspeado, es calvo y de cuerpo macizo. Un uno de sus anchos brazos se puede apreciar un gran dragón tatuado. En su cara tiene un gran bigote tipo mexicano, ojos achinados y una pequeña argolla dorada en su oreja.

-Ya voy Don Robert- le gritó

-Chau compañero tenga cuidao- despidiéndose de Luis Felipe

-¡¡Ya po Freddy oh!!- Gritó nuevamente apurando al pioneta y este corrió a subirse, una vez adentro desaparecieron entre las calles. Luis Felipe se acercó donde estaba la camioneta y notó que a Freddy se le había caído la billetera.

-Después se la pasaré… pensó

Iba retomar su rumbo y de la nada apareció su mamá con una caja llena de diarios viejos.

-Felito, anda botarme estas cuestiones al contenedor de la esquina porfa. Dijo en un tono dulce y Luis Felipe hizo caso un la cara llena de risa.

El caso tenía tan ocupada su cabeza haciéndose preguntas y más preguntas. Reconstruyendo la escena una y otra vez en su imaginación. Sumado a esto la presión que tenía por tener un buen resultado en la PSU que estaba pronto a dar, Luis Felipe no se dio cuenta que estaba cruzando con rojo y raudamente cruzó el paso de cebra para no ser atropellado por un auto que tocaba la bocina, tropezándose con la berma al llegar a la veredera. Cayó al suelo y los diarios quedaron desparramados por todo el lugar. Los recogió reclamando y se detuvo en un Mercurio que traía un reportaje sobre Roberto Ampuero, autor que no lo encontraba tan espectacular como la prensa lo pintaba pero lo entretenía. Lo apartó de los demás y dejó los otros en el container.

Sintió una vibración en su bolsillo, sacó su celular y lo contestó.

-Aló Diego, sí, si voy para allá. Tuve un pequeño inconveniente.

8

-Esta es la casa de Flores ¿Esta en la panadería no es cierto?

-Sí comisario y la niña debe estar en la casa, sus clases terminaron hace más de una hora- dijo Avellaneda.

-Perfecto.

Ambos se bajaron de su auto gris y se dirigieron camino a la casa de Flores. Era una casa de ladrillos, sin reja, de esas que entrega el gobierno. Se notaba que tenía sus años y que a Flores o a ella le gustaban las plantas, ya que el ante jardín estaba lleno de estas. Un quiltro, seguramente de algún vecino no paraba de ladrarle a Matus y en la casa de al lado una anciana tiene a todo volumen su televisor viendo su teleserie brasileña de la hora de almuerzo. Tocaron el timbre y la niña se asomó por la ventana, mostrándose asustada. Luego abrió la puerta.

-Muy buenas tardes, estamos buscando a la señorita Matilda Flores.

-Soy yo ¿que necesitan?- pregunto asustada

-Somos de investigaciones, solo queremos hacerle unas preguntas acerca de Luis Guerra ¿Lo conoce?

Matilda no respondió y su cara demostraba incomodidad.

-Es muy importante su declaración, nos servirá para esclarecer la muerte de Luis.- Dijo Avellaneda en un tono que le transmitió toda la confianza necesaria para hacerlos pasar. Una vez sentados en el living de la casa la joven dijo

-No sé en que pueda ayudarlos, de verdad. ¿Qué es lo que quieren saber?

-Qué tipo de relación tenía con él, por ejemplo- Dijo Matus fríamente

-¿Qué?

-Sabemos que debe ser difícil para ti todo esto, pero tú nos puedes ayudar a llegar a algunas respuestas.

Matilda se quedó pegada mirando el piso y su rostro comenzó a entristecer y poniéndose ambas manos en la cara comenzó a llorar.

-El Luis no le hacía mal nadie…- dijo entre sollozos y continuó llorando

Avellaneda se dirigió a la cocina y le trajo un vazo un agua, se lo tomó rápidamente. Pasaron aproximadamente diez minutos, Matilda se tranquilizó y accedió a colaborar con la investigación.

-Sí, era un poco mayor que yo- dijo la joven.

-¿Diez años es poco señorita?- preguntó el comisario totalmente insensible

A Avellaneda le molestó el comentario, le dio un codazo y lo miró con cara una cara que a cualquiera le darían ganas de salir corriendo.

-¡y eso a usted que le importa!- grito enojada la escolar y Matus continuo

-¿Hace cuanto tiempo estaban juntos?

-Hace un año y medio más o menos

- y cómo lo conociste

- Lo conocí un día que fui a dejarle el almuerzo a mi papa, y mientras lo esperaba se me acercó y empezamos a conversar. Luego nos seguimos viendo en secreto casi todos los días, comenzamos a salir, ya a los tres meses de estar juntos decidió tomar los turnos de noche para estar conmigo en la tarde, aparte que para que mi papa no se diera cuenta de que estábamos juntos- cerró los ojos y dio un gran suspiro y comenzó a llorar en silencio.

-¿Intimaron?

Matilda comenzó a llorar mas fuerte irritada y entre sollozos contestó

-El jamás me obligo a hacer nada que yo no quisiera, siempre me respetó.

-Una última pregunta ¿A qué hora llega tu papá más o menos?

-Mi papá… depende. A veces llega temprano, a veces más tarde y a veces ni llega ¿Por qué, pasa algo con él?

Avellaneda ignoró la pregunta de Matilda y preguntó- y el lunes en la noche ¿llegó?

-Sí pero salió en la noche como a las once después de ayudarme a estudiar para una prueba. Me quede chateando un rato hasta que me dio sueño y me fui a acostar, aun no había llegado a esa hora.

- y a qué hora te levantaste el día siguiente

- Un cuarto para las siete más o menos. Como a esa hora me levanto para ir al colegio. Él no estaba en su cama, pero estaba deshecha.

-¿Y tu papá como a qué hora se va a la pega regularmente?

-como a las ocho más o menos ¿por qué tanta pregunta?


Continuará...

domingo, 22 de agosto de 2010

Pon tu mejor sonrisa (Primera parte)


“Me interesa saber que se esconde tras las limpias fachadas, tras los visillos de las casas, explorar los recovecos tortuosos de la existencia. Soy como un detective que destapa lo que los demás ocultan. Y es que este mundo de hoy no es un lugar tan maravilloso como dicen. No es el sueño más brillante”.

David Lynch

1

-Me deja aquí por favor, en la panadería.

Son las seis de la mañana y el vehículo se detuvo dejando a Don Pedro en las afueras de su lugar de trabajo, la panadería Quilpué, ubicada cerca del centro de aquella ciudad. Era un amanecer como todos los días. Los gorriones empezaban a trinar, los buses del terminal que queda ubicado casi al frente iban camino a Santiago, el cielo estaba cubierto de nubes y el sol de a poco empezaba a sacar las tinieblas de la noche.

Abre el portón. Siente un olor asqueroso e indescriptible entre pan y carne quemada. Siguiendo el olor se dirige a la amasandería, al abrir a puerta lo recibe una humareda terrible que le dificultaba la visión.

-Que mierda pasa aquí… apuesto que al Lucho se le quedo el horno prendió otra vez.

Se acerca al horno con desconfianza y con las manos temblorosas. Abre la puerta lentamente, al abrirla como una llamarada se siente golpeado por una nube de humo toxico y un calor infernal. El humo se disipa y ve algo que lo deja perplejo, sin aire… el cuerpo de su compañero sobre el pan quemándose dentro del horno industrial. Lo observa aterrado, aun no lo cree, no cree que aquel cuerpo rostizado es su amigo Luis. Intenta gritar y no puede. Toma una decisión.

Sale de la panadería y se dirige a la casa de su jefe, Manuel Thompson quien vive en la casa de al lado. Empieza a pegarle patadas a la puerta desesperado mientras grita

-¡Don Manuel! ¡Don Manueeeel!!!- mientras seguía golpeando- ¡Don Manuel!

Don Manuel abre la puerta y lo hace pasar. Estaba su esposa y su hijo también en el living quienes habían despertado a causa del olor. Todos lo miraban esperando una respuesta.

-Pedro ¿qué pasó?- preguntó seguro tratando de esconder su temor

-Don Manuel…. el Lucho ¡esta muerto adentro del horno!

Las caras de los presentes se deformaron de tal manera que ninguno pudo hablar, el espanto silencioso se apodero del living de los Thompson… quedando todos absortos ante tan cruenta noticia.

2

La panadería de los Thompson se vio repleta de gente mirando curiosa la cinta plástica amarilla con la leyenda “No pasar, escena del crimen” y también de detectives de la Policía de investigaciones que intentaban recoger la mayor cantidad de antecedentes.

-Avellaneda, ahí viene Matus.

El Vehiculo del Comisario Matus se acercaba al lugar de los hechos con la radio a todo volumen escuchando “Love two times” de The Doors. Al momento de estacionarse no ve a Avellaneda y casi le tira el auto encima. El comisario hizo caso omiso a su acto y apagando la radio se bajó del auto dirigiéndose al lugar de los hechos.

La joven detective un poco irritada lo siguió para entregarle la información que habían recolectado.

-Comisario, la policía civil ya retiró el cuerpo, correspondía a Luis Antonio Guerra Mardones, se desenvolvía como panadero en el turno nocturno que va desde las ocho de la noche hasta las ocho de la mañana, información que se me fue entregada por el señor Manuel Thompson Urrutia, dueño del negocio y de la propiedad que esta paralela a esta, donde reside. Se presume que falleció antes de las seis de la mañana, se lo llevaron con destino al instituto médico legal donde se redactara el informe forense que nos puede aportar nuevos datos… ¿Por qué la demora Comisario?-

Matus se detuvo.

-¿Perdon niña?... ¿Cuál es tu apellido?

-Avellaneda- respondió

-Señorita Avellaneda, limítese sólo a entregarme información.

-Lo siento comisario- dijo no disimulando su rabia y frustración y continúo.

-Los peritos acaban de terminar de revisar el lugar de los hechos, obviamente aun no tenemos aun esos datos, pero mañana sin falta tendremos más información. Por lo que nos respondió la gente que pudimos interrogar se trata de un hombre joven, de edad aproximadamente veinticinco años, trabajaba hace no más de dos años acá, se presumía que era soltero y varios compañeros de trabajo nos dijeron que era un tipo bastante “especial”.

-¿En qué sentido?

-Era muy alegre pero no compartía mucho con sus compañeros de trabajo, solo un tal Pedro.

-Y ese tal Pedro donde está.

-En su casa. Es una persona de edad y tuvo problemas de presión, fue él el que encontró el cuerpo.

-Mañana hablaremos con el viejo ¿Algo más?

-Sí, un dato importante. El señor Guerra solo tomaba turnos nocturnos, solo en un principio trabajo de día.

3

El hijo de Manuel Thompson, Luis Felipe, al saber que al lado de su casa, en la panadería de su familia había ocurrido un hecho delictual más que asustarlo lo motivó a llevar a cabo su propia investigación. Este muchacho flaco, chascón y cuatro ojos intentó postular a la escuela de investigaciones y no quedó seleccionado debido a que reprobó el test psicológico y también el físico. Como premio de consuelo intentó postular a la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso pero su resultado en la Prueba de Selección Universitaria no fue el esperado y quedó en lista de espera (lista que no corrió por supuesto) En estos momentos se está preparando para dar la prueba nuevamente, sumergido entre facsímiles del Mercurio y leyendo novelas policiales.

Luis Felipe es fanático de los crímenes de ficción. Desde que en octavo básico tuvo que leer “las aventuras de Sherlock Holmes” sintió complicidad con el género. Luego conoció a August Dupin, Hércules Poirot, Jules Maigret, Perry Mason y a Heredia en libros. Alucinó con Twin Peaks, El Detective Conan, CSI, Law and order y Dexter en la televisión. Por Twin Peaks llegó al oscuro y perverso mundo de David Lynch y cuando vio Blue Velvet terminó de definir su vocación. Con ese revoltijo de detectives, asesinos, mujeres fatales, gánsteres y crímenes este investigador frustrado heredó un pensamiento analítico increíble, una habilidad para interpretar los gestos de las personas y una frialdad para desconfiar de casi todo el mundo.

Este muchacho disimuladamente interrogo a varios compañeros de trabajo de la víctima con preguntas mucho más útiles que las que hizo Avellaneda y sus compañeros. Las cuales, sin que los entrevistados se dieran cuenta, dejó registradas las declaraciones en un grabadora de mano que le habían regalado por si la lista de espera de la universidad corría. También tomó algunos datos importantes los anotaba en una pequeña libreta con la imagen de Víctor Jara que siempre llevaba con él.

4

-Señor Thompson, los peritos ya revisaron el lugar, pero volveremos mañana temprano. Necesito que por favor nos entregue una nomina con el nombre de todos sus trabajadores.

-Sí, sí tengo una la traigo al tiro – respondió Don Manuel un poco nervioso por la situación.

-Avellaneda, acompaña al señor por favor.

Avellaneda no con su mejor cara siguió al dueño de la panadería a su oficina, en ese intertanto se dio cuenta que Luis Felipe estaba en el pasillo escuchándolo todo

-Señorita me espera aquí por favor- dijo Don Manuel

Y Avellaneda se quedo en el pasillo, con Luis Felipe se miraron fijamente y él le regalo una sonrisa. La detective hizo caso omiso y al llegar Thompson se retiró.

-Pendejos, cada vez más babosos – pensó molesta luego de ver la cara de Luis Felipe. Nunca se le pasó por su cabeza que ese pendejo baboso se les había adelantado y ya tenía una fotocopia con la misma nomina.

***

Ya anocheció. Los policías hace bastante rato que se fueron del lugar y Luis Felipe estaba en sentado en su escritorio escuchando atentamente las grabaciones. Luego anota lo más importante de la declaración junto con el nombre del entrevistado que sacó de la nomina.

Da vueltas en su silla y bebe un sorbo de café en su jarro del FBI. Se levanta y pone un compilado de jazz en su computador.

Saca de una bolsa de farmacia unos guantes de hule y se los coloco como si fuera a poner una inyección, se vistió completamente de negro, tomó su mochila y casi pegado a la pared entró a la pieza de sus padres sin que estos se despertaran. Abrió lentamente la puerta de la oficina de Manuel Thompson (que estaba dentro de la pieza y esta daba hacia la panadería). Logra pasar sin ningún inconveniente y luego salió de la casa. Saca de su mochila su linterna y su cámara fotográfica y se adentra al lugar de los hechos.

La panadería de noche es un lugar tétrico, digno de un cuento de Quiroga. Solo ve sacos de harina y las maquinas que se ven horrible con poca luz, aun se sentía la angustia y la desesperación en el lugar, el aire estaba tenso y había un frio desértico. Con su cámara saca fotografías a cada rincón y luego deja su linterna en suelo, apuntando la luz hacia el techo obteniendo la iluminación perfecta. La linterna comienza a parpadear y eso le recordó a mas de una película. Sin vacilar abre la puerta del horno rápidamente, aun se sentía el olor a muerte, se acerca de a poco y encuentra algo que la PDI con todo su peritaje no pudo hallar y lo guarda en una bolsa hermética. De repente la luz de su linterna parpadea y luego se apaga, volviendo las tinieblas a reinar.