domingo, 11 de abril de 2010


Yo soy el árbol huacho.


Nací solo. La tierra y el viento hicieron el amor y dejaron su semilla enterrada en este cerro. Pasé bastante tiempo en el vientre de mi madre, acorrucado entre gusanos y humedad. Me encantaba cuando sentía más blando su interior después de una lluvia y también cuando los tibios rayos del sol me cobijaban suavemente. Ya era mi momento, algo me lo dijo. Empecé estirar mis brazos poco a poco, reconocí el abrazo de mi padre que con delicadeza acaricio mis primeras hojas. Miraba a mí alrededor y era el único que se encontraba ahí, era tan chico que pasaba desapercibido. Ni los gorriones, ni los zorzales notaban que los miraba con curiosidad. Para que hablar de las lagartijas que arrastrando su vientre tomaban sol a mi lado. Aun no sé como pasaron aquellos días de mi primera infancia. Tampoco me di cuenta cuando y como comencé a crecer. Me sentía más alto, pero solo. Nadie como yo estaba cerca, solo algunos amargados espinos y un grupo de eucaliptus que solo conversan entre ellos. No sé lo que soy, no soy un sauce, ni un aromo, ni un álamo, solo soy un árbol, un árbol solitario que día a día, noche tras noche, hora tras hora, segundo tras segundo crece y crece. Mis hojas cada vez eran más y más verdes, mis brazos cada vez más largos y firme, mi tronco cada vez más fuerte y poderoso. Ahora todos me miraban de reojo: lo eucaliptos, los espinos, los pájaros y las lagartijas, muchos de ellos se posaban en mi copa a cantar mientras que podía sentir el áspero vientre de las lagartijas en mi tronco cuando pasaban horas disfrutando de los arrulladores rayos del sol. A lo lejos veía como aquellos prados se iban de a poco poblando de gente, el bosque de bellotos crecía, se formaban algunas parcelas y el ferrocarril pasaba todos los días. Muchos caminantes se sentaban junto a mí a compartir un cigarro bajo mi sombra ya que era el único que podía darla en aquel lugar. Sin darme cuenta me volví más fuerte y más alto. Los verdes espacios se fueron tiñendo de gris y las industrias hicieron que mi padre se enfermara y que mi madre fuera perdiendo vitalidad cada día. A pesar de aquello no estaba tan solo, la ciudad de noche me hace compañía. Es un bonito espectáculo ver la ciudad iluminada, ver los autos ir y venir. De día siento que millones de ojos me observan, ellos no saben que soy yo el que los vigila. Veo cuando se quedan toda la tarde mirándome, veo cuando desde los colegios se cuelgan de las ventanas. Los fines de semana nunca me hacen falta las visitas…
-Como estay arbolito ¿una chelita?... na po solo te vine a hacer compañía. Yo cacho que te debí sentir muy importante. Allá abajo todos te miran. No sé porque cresta estay tan solo, por lo menos somos varios los que pescamos la bicicleta el fin de semana y nos pegamos una arrancadita pa estar contigo, si vo hablarai árbol huacho…
Si yo hablara, jajajaja si supieras amigo mío lo que ha pasado en estos lados. Innumerables son las parejas que se besan, se acarician y miran con ternura bajo mi sombra. Innumerables son los grupos de amigos que se toman su copetito, se fuman sus cosillas acá al lado mío como si fuera uno más del grupo. Innumerables son los cabros chicos que se comen la colación con su papá después de haber estado casando lagartijas o buscando arañas pollito. Para que hablar de los scouts que siempre me vienen a ver y después bajan y se comen su festín de vienesas a la fogata, luego juegan a la guerra de tótems y yo ya se me sus escondites y sus estrategias de memoria.
Si yo hablara, te diría como todo esto ha cambiado, que cada vez son más pocos los que como tú disfrutan de cosas tan sencillas como este cerro y sus animales. No sabes la pena que me da ver como dejan su basura por todos lados sin importarles nada. No sabes la pena que me da al ver como cada vez más se separan más. Cada día veo más rejas, más cercas, más alambres de púa.
Las cosas han cambiado. No me doy cuenta como los años pasan y las hojas del calendario se caen como las mías en otoño. Todo es ruido, molestia, desagrado. Ya no disfruto ver los autos pasar, ahora son demasiados. El gris cada vez se impone ante el verde, el verde esmeralda, el verde esperanza. Casas, departamentos, cemento y asfalto. La tierra estorba para que los autos avancen, para que el progreso avance. Veo como la gente no ve a la gente, no ve a los pájaros ni a las lagartijas ni a los espinos ni a los eucaliptus. Mi padre tiene un pulmón roto y mi madre se seca con los años y yo aquí soy testigo de tu vida. Vi cuando saliste del hospital, vi cuando te fueron a dejar al colegio, vi como me mirabas de lejos, vi cuando tu bicicleta se estacionó a mi lado y fumabas a escondidas, vi como partías todas las mañanas ya convertido en un hombre esperando el tren a Valparaíso. Y yo sigo aquí, mirando como tus hijos me miran desde la ventana de tu casa.
Hay dos hombres bajo mi sombra, ellos no quieren invitarme a compartir con ellos. Ellos no vienen con su bici a verme. Ellos no vienen a comer vienesas ni mucho menos a jugar guerra de tótems. Ellos son mis verdugos. La modernidad ya dictó mi sentencia y yo le estorbo. Si yo hablara… si yo hablara les preguntaría que daño les hace un árbol viejo, triste y huacho. Adelante, comiencen su ritual. Trato de aguantar el dolor que me provocan sus maquinas. Mi madre esta triste, mi padre está furioso. Siento que millones de ojos me observan, pero no saben que soy yo quien los vigila. Siento que esos ojos lloran, siento que esos recuerdos a mi lado son aquellas lagrimas que caen por aquellas mejillas. Recuérdenlo, yo soy el árbol huacho y ustedes fueron mis grandes compañeros.
Mi cuerpo cae, mis hojas se secan pero mi recuerdo seguirá en estos cerros, en esta ciudad y en sus corazones. Hasta siempre queridos amigos, gracias por compartir un segundo de sus vidas junto a este árbol solitario.

2 comentarios:

Vincent... dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Vincent... dijo...

;)