sábado, 17 de abril de 2010


La Cortada.

I

5.00 AM Paradero trece y medio

El camina inquieto, inquieto y medio borracho. No aguantaba más. Se embriagó hasta emborrachar la última ceniza de su caos mental. Nada le importa. Nada le interesa. Está consumido en su propio ego. Aquella noche era espantosamente fría y la neblina cubría la bencinera, el banco y el supermercado de esa esquina tan viva de día y tan muerta de noche.

Se apoya en el paradero, saca un cigarro, el último cigarro. Busca en sus bolsillos, en el de su chaqueta, en el de su pantalón y no encontraba su encendedor. Se insulto a sí mismo y le dio una patada al deteriorado paradero.

-¿Necesitas fuego cabro?

Se dio media vuelta y se encontró con el dueño de la voz áspera y ronca que le dirigió la palabra. Era un anciano, vestido perfectamente con un terno azul, su rostro era pálido y adornado con bastantes arrugas, su cabellera blanca, sus cejas negras y sus ojos claros le daban un aspecto entre solemne y tétrico.

-¿Fuego?- reiteró mientras le estiraba la mano con el encendedor, el joven se lo arrebató de sus manos y encendió su cigarro.

-jajaja ¿estás molesto por algo?

-Todo es como la mierda. ¿Respondo con eso su pregunta?

-No has visto nada cabrito… te lo aseguro no has visto nada

-Supongo, dicen que los viejos son la voz de la experiencia

-Sal de tu burbuja, como te digo no has visto nada – y aspiro fuertemente su cigarro, luego sonrío.

-No me huevee mas ¿quiere? Solo quería fuego

-Y fuego tendrás, acuérdate de mí. Mira dentro de diez minutos aparecerá un colectivo a Belloto Sur, de esos que tu tomas para ir a tu casa. Dile que te deje en el pasaje la cortada, en todo caso él sabrá dónde te bajas. Caminas hasta el centro de la plaza y espera, ahí tendrás todo el fuego que necesitas para reventar tu burbuja.

-No me venga con huevadas místicas, quiero estar solo.

El anciano se retiro de la escena caminando hacia Villa Alemana. Pasaron los 10 minutos y el colectivo paró sin que lo detuvieran y el chofer le abrió la puerta del copiloto.
El joven se subió e intentó pagar el pasaje pero el chofer no quiso recibirlo.

-La casa paga. ¿En “La Cortada” cierto? Temió por unos segundos pero algo le hizo responder

-Emm, sí déjeme ahí.

Al llegar a la cortada, el joven se bajó del colectivo el cual se fue raudamente hacia la garita. Nadie estaba en las calles y la neblina era cada vez más espesa.
El frio comenzó a incomodarlo demasiado y estando ya en el centro de la plaza se sentó a esperar. No ocurría nada, así que se levanto molesto y emprendió marcha a su casa. Los focos de alógeno de la plaza comenzaron a parpadear. El se dio vuelta a mirar y nada ocurría. Emprendió la marcha de nuevo y la luz nuevamente parpadeaba. Se devolvió hacia donde estaba y entre más se acercaba más rápido era el parpadeo. Llegó al centro, sintió a alguien detrás de él y se dio vuelta. La luz se apago en todas partes

II

Se miró las manos y estaban llenas de petróleo o algo así, se asustó, intentó limpiarse en su ropa pero sus manos ya no tenían nada. Se encontraba en un pasillo lleno de puertas todas de colores distintos. Una de aquellas puede ser la salida –pudo haber pensado- abrió temerosa y lentamente la primera y entró.
Era un bar muy pequeño, el techo y las paredes eran negras mientras que el piso era como un juego de ajedrez. Las mesas, la barra incluso los vasos eran de color blanco. En las paredes estaban colgados numerosos espejos de distintos tamaños y formas. En el fondo de este bar se encontraba un escenario en donde una banda tocaba una especie de reggae o dub con melodía agónica, depresiva y oscura. La barra estaba llena y las mesas también. Todos vestían prendas grises y ninguno de los presentes tenía expresión en su rostro. Todos fumaban y bebían sin ganas, casi por inercia. En la punta de la barra ve a una joven, de muy baja estatura pero muy linda. Su rostro era totalmente neutro, estaba concentrada en su cigarro y en su trago, fumaba y bebía lentamente. Aquella muchacha tenía cierto magnetismo y él se le acercó a hablarle

-Hola, cómo te llamas

La pequeña mujer aspiro su cigarro sin mirarlo

-Oye, pero tomémonos alguna cosita juntos ¿te parece?

La pequeña mujer exhalo el humo de su cigarro sin mirarlo

-Oye, pero ¿estay bien? ¿Te pasa algo?

La pequeña mujer bebe de su copa blanca

-Sabes de verdad no te entiendo. ¡Puta que erí rara!

El grupo tocaba melodías que dejaban en trance a cualquiera, un rock muy suave y psicodélico. Nadie en el bar hablaba, solo bebían y fumaban casi de forma mecánica. La pequeña mujer se tomó el resto de su trago –que era bastante- de un solo sorbo y se paró de su asiento y se dirigió a la puerta.
Él echó un último vistazo al bar, nada nuevo bajo el sol. Ni la banda expresaba algo, eran solo sonidos embriagadores que salían de aquellos blancos amplificadores. El resto de los presentes concentrados en sí mismos, nadie notó que él tenía entre abierta la puerta del bar, era solo un ser invisible en un país lleno de ciegos. Cruzó el umbral, se encontró nuevamente con el pasillo repleto de puertas. La niña bajita ya no estaba ¿Dónde ir? ¿Por dónde salgo de aquí? Quizás esas eran sus preguntas. Decidió abrir la puerta continua a la del bar, esta era de color rosado. Sin pensarlo dos veces entró.

Al contrario del bar, aparentemente este lugar era una disco. El bullicio era demasiado. La gente bailaba eufóricamente, se oían carcajadas, orgasmos y palabrotas por montones. Reconoció el tema de que sonaba, era IDont Like Drugs de Marilyn Manson. Las luces eran de color rosado y estaba inundado por una neblina de humo de cigarrillo. Todas las mujeres median casi lo mismo, todas usaban el pelo liso, todas usaban pantalones azules estilo pitillo y poleras muy ajustadas de color rosado que les hacía resaltar sus voluptuosos cuerpos. Los hombres, poleras de color rosado con el cuello cortado y también pantalones pitillos de color azul. Era un mar de personas, un verdadero ejército de la frivolidad. Era casi imposible caminar, eran demasiados, había demasiado humo y sus carcajadas eran cada vez más estridentes. Cuando comenzaba Sweet Dreams -También de Manson- de pronto todo se detuvo por un momento, comenzó a descender desde el cielo una jaula metálica y dentro de ella mujer físicamente espectacular, piernas largas, trasero parado, abdomen liso, pechos perfectos, largo cuello, pelo lizo, largo y rubio, labios gruesos y un par de ojos pardos que dejaban hipnotizado a cualquiera. Vestía igual a las demás solo que usaba un blanco impecable. Todos los presentes menos él, se apelmazaron a su alrededor y comenzaron a gritar como enfermos, de la nada apareció una lluvia imparable de Flashes de cámaras fotográficas. Todos la amaban, todos querían verla, tocarla, escucharla.

-¿Y esa mina quién es? Un tipo de lentes oscuros y grandes, el único que usaba bigote, se le acercó y le dijo con tono amanerado

-Tú eres estúpido o que, se nota que en este país hay gente ignorante.

-mmm ya ¿pero quién es po huevon?

-¡Es Tiffany estúpido! Ella es todo, Ella es un Diosa, Ella nos iluminó cachay y ahora cállate que va hablar.

Él se detuvo a escucharla sin comprender lo que pasaba, los gritos y los flash fueron incrementando a la medida que ella se acercaba al micrófono.

-¡Todo es apariencia, Todo es competencias, de nada sirve la amistad, el que está al lado tuyo te quiere cagar. Lo de afuera es lo que importa, lo de adentro es solo tripas, sangre y huesos nada más. Píntense, gasten, compren siéntanse bonitos, bellos mientras que el otro, el que está su lado, se deforma, se horroriza, se pudre. Aprovechen cualquier oportunidad!


Los jóvenes la veneraban como a un Dios griego o Romano o Pagano, Como un santo milagroso que salvó sus vidas y ahora dan gracias por el favor concebido. Y ahora tenían a ese ser divino en frente de ellos, cerca muy cerca. Se comenzaron a acercar a ella al punto que todos se empezaron a zamarrear, golpear, tirase de las mechas. Ese mar de manos sedientas de la piel de su Diosas la tomó de los brazos, de las piernas, le arrancaron el pelo y una vez reducida entre fanáticos. Estos comenzaron a hundir sus dientes sobre su cuerpo

-¡Tiffany será solo mía!

-Sale Huevona fea ¡¡¡ va ser mía!!!

Eran verdaderos Zombies que se peleaban por un trozo de aquella mujer que murió en manos de aquellas mentes que ella misma había controlado. Era un espectáculo horrible ver las bocas pintadas de sangre cuando mordían sus piernas, su cuello, sus pechos. Ellos habían vuelto al estado animal. Rugían de rabia. Se rasguñaban, se mordían y se golpeaban por un pedazo de su carne.

Él huyo lejos del lugar aterrado saliendo por donde entró, pero esta vez no salió al pasillo sino a un cuarto de color negro donde había solo un piano en el que una anciana estaba tocando de The Great Gig In The Sky de Pink Floyd y luego entonó el solo de voz de aquella canción. Terminada su intervención vocal comenzó a tocar Imagine pero en los acordes de la versión de A Perfect Circle .Un enorme televisor se prendió en el fondo del cuarto, el aparato transmitía imágenes horribles,
indescriptibles pero reales: niños raquíticos, mujeres violadas, militares riéndose mientras torturaban a un rehén, autoridades comiendo enormes banquetes, derrumbes de casa, maremotos, incendios, ballenas brutalmente asesinadas. Al ver las imágenes se sintió desesperado, tomó una piedra que encontró en el piso y la lanzó con todas sus fuerzas contra el televisor. Este se hizo humo y la música dejó de sonar. El piano y la anciana desaparecieron y en su lugar había una puerta de color verde.

Entró. Era un restorán que se dividía en dos partes: Uno totalmente lujoso en donde los comensales eran monstruosamente obesos, pero perfectamente vestidos, no paraban de comer aunque la comida se les salía de la boca. La otra parte era gente en los huesos que vestía trapos y comía con la mano una especie de macedonia asquerosa de muy mal olor. Aquellas personas lo miraban con cierta ternura y los otros con desprecio.

-Salga por allá mijito, que le vaya bien -le dijo una tierna anciana indicándole la puerta que va a la cocina

Entro por aquella puerta y salió nuevamente al pasillo pero esta vez solo había una puerta en el fondo. Corrió hacia ella intentó abrirla y no pudo, la golpeo, la pateó, se lanzo contra ella y nada.
Sintió nuevamente la presencia a su espalda, era la pequeña joven, le beso la cara con ternura y le dijo

-¿No querías fuego? Y se empezó a reír satánicamente de él. Comenzó a escucharse el tema Venus in Furs de Velvet Underground. Las puertas nuevamente aparecieron y se abrieron de golpe, de ellas salió un gentío enorme, los que vestían de gris en el bar, los jóvenes caníbales con sus manos llenas de sangre de Tiffany, la anciana pianista, los mendigos del restaurant y los monstruosos obesos, todos caminaban hacia él con un encendedor en las manos con la llama al máximo, el estaba acorralado en la esquina y su muerte era inevitable, ellos estaban a menos de un metro de él y comenzaron a prender sus ropas. El sentía como el fuego quemaba su ropa, su pelo y su carne, no tenía salida. Solo atino a cerrar sus ojos.











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