miércoles, 28 de abril de 2010

A U T O - C I N E M A


Las hojas de los arboles
se desprenden en la oscuridad
desde la cordillera
el frío cala nuestros huesos

Yo simplemente miro tus labios
desde lejos
desde la ultima butaca de este cine

La película es malisima
su argumento es repetido
solo la banda sonora es rescatable
"love hurts"... el amor duele (dicen)
y cala tanto como el frío cordillerano

desde mi asiento veo tus ojos brillar
y siento que tu latir aumenta
tu solo me regalas una sonrisa
que dibuja margaritas en tu pálido rostro

esa maldita sonrisa
esos ojos profundos
calan y calan mas hondo
que el frío y los sentimientos inoportunos

desde mi asiento
veo las hojas caer sobre mi cuerpo

Mientras yo simplemente miro tu cuello
desde lejos
imaginando su sabor y tu sonrisa dibujada en tu rostro
cuando lo acaricio con mi nariz

y tú ahí
en tres dimensiones
con tu maldita sonrisa y tu maldito brillo de ojos
negándote (quien sabe) el aumento de tu pulso.

La ultima hoja del árbol no sintió el suelo
se la llevó el viento de la cordillera
la película se acaba
te vas
y yo "aquí estoy congelándome"


viernes, 23 de abril de 2010



LOS DOS




Sol que alumbra
toda penumbra

somos estelas
de estrellas ciegas

somos dos
estrellas fugaces

somos dos
estrellas fugaces
¡que se deshacen!

Son tumbas que nacen
de un arbol de frases

como dos niños
jugando con grillos

somos dos
perros sin dueños

buscando
calor y consuelo
calor y consuelo

¡basta de recuerdos rapaces,
de historias de hombres mutantes!

somos dos
dentro de un cosmos

somos dos
dentro de un cosmos
dentro de un cosmos

(la galaxia se pierde contigo en el infinito

pensando desnuda en la muerte de tu constelación

mientras la osa mayor jueago con su cría)


sábado, 17 de abril de 2010


La Cortada.

I

5.00 AM Paradero trece y medio

El camina inquieto, inquieto y medio borracho. No aguantaba más. Se embriagó hasta emborrachar la última ceniza de su caos mental. Nada le importa. Nada le interesa. Está consumido en su propio ego. Aquella noche era espantosamente fría y la neblina cubría la bencinera, el banco y el supermercado de esa esquina tan viva de día y tan muerta de noche.

Se apoya en el paradero, saca un cigarro, el último cigarro. Busca en sus bolsillos, en el de su chaqueta, en el de su pantalón y no encontraba su encendedor. Se insulto a sí mismo y le dio una patada al deteriorado paradero.

-¿Necesitas fuego cabro?

Se dio media vuelta y se encontró con el dueño de la voz áspera y ronca que le dirigió la palabra. Era un anciano, vestido perfectamente con un terno azul, su rostro era pálido y adornado con bastantes arrugas, su cabellera blanca, sus cejas negras y sus ojos claros le daban un aspecto entre solemne y tétrico.

-¿Fuego?- reiteró mientras le estiraba la mano con el encendedor, el joven se lo arrebató de sus manos y encendió su cigarro.

-jajaja ¿estás molesto por algo?

-Todo es como la mierda. ¿Respondo con eso su pregunta?

-No has visto nada cabrito… te lo aseguro no has visto nada

-Supongo, dicen que los viejos son la voz de la experiencia

-Sal de tu burbuja, como te digo no has visto nada – y aspiro fuertemente su cigarro, luego sonrío.

-No me huevee mas ¿quiere? Solo quería fuego

-Y fuego tendrás, acuérdate de mí. Mira dentro de diez minutos aparecerá un colectivo a Belloto Sur, de esos que tu tomas para ir a tu casa. Dile que te deje en el pasaje la cortada, en todo caso él sabrá dónde te bajas. Caminas hasta el centro de la plaza y espera, ahí tendrás todo el fuego que necesitas para reventar tu burbuja.

-No me venga con huevadas místicas, quiero estar solo.

El anciano se retiro de la escena caminando hacia Villa Alemana. Pasaron los 10 minutos y el colectivo paró sin que lo detuvieran y el chofer le abrió la puerta del copiloto.
El joven se subió e intentó pagar el pasaje pero el chofer no quiso recibirlo.

-La casa paga. ¿En “La Cortada” cierto? Temió por unos segundos pero algo le hizo responder

-Emm, sí déjeme ahí.

Al llegar a la cortada, el joven se bajó del colectivo el cual se fue raudamente hacia la garita. Nadie estaba en las calles y la neblina era cada vez más espesa.
El frio comenzó a incomodarlo demasiado y estando ya en el centro de la plaza se sentó a esperar. No ocurría nada, así que se levanto molesto y emprendió marcha a su casa. Los focos de alógeno de la plaza comenzaron a parpadear. El se dio vuelta a mirar y nada ocurría. Emprendió la marcha de nuevo y la luz nuevamente parpadeaba. Se devolvió hacia donde estaba y entre más se acercaba más rápido era el parpadeo. Llegó al centro, sintió a alguien detrás de él y se dio vuelta. La luz se apago en todas partes

II

Se miró las manos y estaban llenas de petróleo o algo así, se asustó, intentó limpiarse en su ropa pero sus manos ya no tenían nada. Se encontraba en un pasillo lleno de puertas todas de colores distintos. Una de aquellas puede ser la salida –pudo haber pensado- abrió temerosa y lentamente la primera y entró.
Era un bar muy pequeño, el techo y las paredes eran negras mientras que el piso era como un juego de ajedrez. Las mesas, la barra incluso los vasos eran de color blanco. En las paredes estaban colgados numerosos espejos de distintos tamaños y formas. En el fondo de este bar se encontraba un escenario en donde una banda tocaba una especie de reggae o dub con melodía agónica, depresiva y oscura. La barra estaba llena y las mesas también. Todos vestían prendas grises y ninguno de los presentes tenía expresión en su rostro. Todos fumaban y bebían sin ganas, casi por inercia. En la punta de la barra ve a una joven, de muy baja estatura pero muy linda. Su rostro era totalmente neutro, estaba concentrada en su cigarro y en su trago, fumaba y bebía lentamente. Aquella muchacha tenía cierto magnetismo y él se le acercó a hablarle

-Hola, cómo te llamas

La pequeña mujer aspiro su cigarro sin mirarlo

-Oye, pero tomémonos alguna cosita juntos ¿te parece?

La pequeña mujer exhalo el humo de su cigarro sin mirarlo

-Oye, pero ¿estay bien? ¿Te pasa algo?

La pequeña mujer bebe de su copa blanca

-Sabes de verdad no te entiendo. ¡Puta que erí rara!

El grupo tocaba melodías que dejaban en trance a cualquiera, un rock muy suave y psicodélico. Nadie en el bar hablaba, solo bebían y fumaban casi de forma mecánica. La pequeña mujer se tomó el resto de su trago –que era bastante- de un solo sorbo y se paró de su asiento y se dirigió a la puerta.
Él echó un último vistazo al bar, nada nuevo bajo el sol. Ni la banda expresaba algo, eran solo sonidos embriagadores que salían de aquellos blancos amplificadores. El resto de los presentes concentrados en sí mismos, nadie notó que él tenía entre abierta la puerta del bar, era solo un ser invisible en un país lleno de ciegos. Cruzó el umbral, se encontró nuevamente con el pasillo repleto de puertas. La niña bajita ya no estaba ¿Dónde ir? ¿Por dónde salgo de aquí? Quizás esas eran sus preguntas. Decidió abrir la puerta continua a la del bar, esta era de color rosado. Sin pensarlo dos veces entró.

Al contrario del bar, aparentemente este lugar era una disco. El bullicio era demasiado. La gente bailaba eufóricamente, se oían carcajadas, orgasmos y palabrotas por montones. Reconoció el tema de que sonaba, era IDont Like Drugs de Marilyn Manson. Las luces eran de color rosado y estaba inundado por una neblina de humo de cigarrillo. Todas las mujeres median casi lo mismo, todas usaban el pelo liso, todas usaban pantalones azules estilo pitillo y poleras muy ajustadas de color rosado que les hacía resaltar sus voluptuosos cuerpos. Los hombres, poleras de color rosado con el cuello cortado y también pantalones pitillos de color azul. Era un mar de personas, un verdadero ejército de la frivolidad. Era casi imposible caminar, eran demasiados, había demasiado humo y sus carcajadas eran cada vez más estridentes. Cuando comenzaba Sweet Dreams -También de Manson- de pronto todo se detuvo por un momento, comenzó a descender desde el cielo una jaula metálica y dentro de ella mujer físicamente espectacular, piernas largas, trasero parado, abdomen liso, pechos perfectos, largo cuello, pelo lizo, largo y rubio, labios gruesos y un par de ojos pardos que dejaban hipnotizado a cualquiera. Vestía igual a las demás solo que usaba un blanco impecable. Todos los presentes menos él, se apelmazaron a su alrededor y comenzaron a gritar como enfermos, de la nada apareció una lluvia imparable de Flashes de cámaras fotográficas. Todos la amaban, todos querían verla, tocarla, escucharla.

-¿Y esa mina quién es? Un tipo de lentes oscuros y grandes, el único que usaba bigote, se le acercó y le dijo con tono amanerado

-Tú eres estúpido o que, se nota que en este país hay gente ignorante.

-mmm ya ¿pero quién es po huevon?

-¡Es Tiffany estúpido! Ella es todo, Ella es un Diosa, Ella nos iluminó cachay y ahora cállate que va hablar.

Él se detuvo a escucharla sin comprender lo que pasaba, los gritos y los flash fueron incrementando a la medida que ella se acercaba al micrófono.

-¡Todo es apariencia, Todo es competencias, de nada sirve la amistad, el que está al lado tuyo te quiere cagar. Lo de afuera es lo que importa, lo de adentro es solo tripas, sangre y huesos nada más. Píntense, gasten, compren siéntanse bonitos, bellos mientras que el otro, el que está su lado, se deforma, se horroriza, se pudre. Aprovechen cualquier oportunidad!


Los jóvenes la veneraban como a un Dios griego o Romano o Pagano, Como un santo milagroso que salvó sus vidas y ahora dan gracias por el favor concebido. Y ahora tenían a ese ser divino en frente de ellos, cerca muy cerca. Se comenzaron a acercar a ella al punto que todos se empezaron a zamarrear, golpear, tirase de las mechas. Ese mar de manos sedientas de la piel de su Diosas la tomó de los brazos, de las piernas, le arrancaron el pelo y una vez reducida entre fanáticos. Estos comenzaron a hundir sus dientes sobre su cuerpo

-¡Tiffany será solo mía!

-Sale Huevona fea ¡¡¡ va ser mía!!!

Eran verdaderos Zombies que se peleaban por un trozo de aquella mujer que murió en manos de aquellas mentes que ella misma había controlado. Era un espectáculo horrible ver las bocas pintadas de sangre cuando mordían sus piernas, su cuello, sus pechos. Ellos habían vuelto al estado animal. Rugían de rabia. Se rasguñaban, se mordían y se golpeaban por un pedazo de su carne.

Él huyo lejos del lugar aterrado saliendo por donde entró, pero esta vez no salió al pasillo sino a un cuarto de color negro donde había solo un piano en el que una anciana estaba tocando de The Great Gig In The Sky de Pink Floyd y luego entonó el solo de voz de aquella canción. Terminada su intervención vocal comenzó a tocar Imagine pero en los acordes de la versión de A Perfect Circle .Un enorme televisor se prendió en el fondo del cuarto, el aparato transmitía imágenes horribles,
indescriptibles pero reales: niños raquíticos, mujeres violadas, militares riéndose mientras torturaban a un rehén, autoridades comiendo enormes banquetes, derrumbes de casa, maremotos, incendios, ballenas brutalmente asesinadas. Al ver las imágenes se sintió desesperado, tomó una piedra que encontró en el piso y la lanzó con todas sus fuerzas contra el televisor. Este se hizo humo y la música dejó de sonar. El piano y la anciana desaparecieron y en su lugar había una puerta de color verde.

Entró. Era un restorán que se dividía en dos partes: Uno totalmente lujoso en donde los comensales eran monstruosamente obesos, pero perfectamente vestidos, no paraban de comer aunque la comida se les salía de la boca. La otra parte era gente en los huesos que vestía trapos y comía con la mano una especie de macedonia asquerosa de muy mal olor. Aquellas personas lo miraban con cierta ternura y los otros con desprecio.

-Salga por allá mijito, que le vaya bien -le dijo una tierna anciana indicándole la puerta que va a la cocina

Entro por aquella puerta y salió nuevamente al pasillo pero esta vez solo había una puerta en el fondo. Corrió hacia ella intentó abrirla y no pudo, la golpeo, la pateó, se lanzo contra ella y nada.
Sintió nuevamente la presencia a su espalda, era la pequeña joven, le beso la cara con ternura y le dijo

-¿No querías fuego? Y se empezó a reír satánicamente de él. Comenzó a escucharse el tema Venus in Furs de Velvet Underground. Las puertas nuevamente aparecieron y se abrieron de golpe, de ellas salió un gentío enorme, los que vestían de gris en el bar, los jóvenes caníbales con sus manos llenas de sangre de Tiffany, la anciana pianista, los mendigos del restaurant y los monstruosos obesos, todos caminaban hacia él con un encendedor en las manos con la llama al máximo, el estaba acorralado en la esquina y su muerte era inevitable, ellos estaban a menos de un metro de él y comenzaron a prender sus ropas. El sentía como el fuego quemaba su ropa, su pelo y su carne, no tenía salida. Solo atino a cerrar sus ojos.











domingo, 11 de abril de 2010


Yo soy el árbol huacho.


Nací solo. La tierra y el viento hicieron el amor y dejaron su semilla enterrada en este cerro. Pasé bastante tiempo en el vientre de mi madre, acorrucado entre gusanos y humedad. Me encantaba cuando sentía más blando su interior después de una lluvia y también cuando los tibios rayos del sol me cobijaban suavemente. Ya era mi momento, algo me lo dijo. Empecé estirar mis brazos poco a poco, reconocí el abrazo de mi padre que con delicadeza acaricio mis primeras hojas. Miraba a mí alrededor y era el único que se encontraba ahí, era tan chico que pasaba desapercibido. Ni los gorriones, ni los zorzales notaban que los miraba con curiosidad. Para que hablar de las lagartijas que arrastrando su vientre tomaban sol a mi lado. Aun no sé como pasaron aquellos días de mi primera infancia. Tampoco me di cuenta cuando y como comencé a crecer. Me sentía más alto, pero solo. Nadie como yo estaba cerca, solo algunos amargados espinos y un grupo de eucaliptus que solo conversan entre ellos. No sé lo que soy, no soy un sauce, ni un aromo, ni un álamo, solo soy un árbol, un árbol solitario que día a día, noche tras noche, hora tras hora, segundo tras segundo crece y crece. Mis hojas cada vez eran más y más verdes, mis brazos cada vez más largos y firme, mi tronco cada vez más fuerte y poderoso. Ahora todos me miraban de reojo: lo eucaliptos, los espinos, los pájaros y las lagartijas, muchos de ellos se posaban en mi copa a cantar mientras que podía sentir el áspero vientre de las lagartijas en mi tronco cuando pasaban horas disfrutando de los arrulladores rayos del sol. A lo lejos veía como aquellos prados se iban de a poco poblando de gente, el bosque de bellotos crecía, se formaban algunas parcelas y el ferrocarril pasaba todos los días. Muchos caminantes se sentaban junto a mí a compartir un cigarro bajo mi sombra ya que era el único que podía darla en aquel lugar. Sin darme cuenta me volví más fuerte y más alto. Los verdes espacios se fueron tiñendo de gris y las industrias hicieron que mi padre se enfermara y que mi madre fuera perdiendo vitalidad cada día. A pesar de aquello no estaba tan solo, la ciudad de noche me hace compañía. Es un bonito espectáculo ver la ciudad iluminada, ver los autos ir y venir. De día siento que millones de ojos me observan, ellos no saben que soy yo el que los vigila. Veo cuando se quedan toda la tarde mirándome, veo cuando desde los colegios se cuelgan de las ventanas. Los fines de semana nunca me hacen falta las visitas…
-Como estay arbolito ¿una chelita?... na po solo te vine a hacer compañía. Yo cacho que te debí sentir muy importante. Allá abajo todos te miran. No sé porque cresta estay tan solo, por lo menos somos varios los que pescamos la bicicleta el fin de semana y nos pegamos una arrancadita pa estar contigo, si vo hablarai árbol huacho…
Si yo hablara, jajajaja si supieras amigo mío lo que ha pasado en estos lados. Innumerables son las parejas que se besan, se acarician y miran con ternura bajo mi sombra. Innumerables son los grupos de amigos que se toman su copetito, se fuman sus cosillas acá al lado mío como si fuera uno más del grupo. Innumerables son los cabros chicos que se comen la colación con su papá después de haber estado casando lagartijas o buscando arañas pollito. Para que hablar de los scouts que siempre me vienen a ver y después bajan y se comen su festín de vienesas a la fogata, luego juegan a la guerra de tótems y yo ya se me sus escondites y sus estrategias de memoria.
Si yo hablara, te diría como todo esto ha cambiado, que cada vez son más pocos los que como tú disfrutan de cosas tan sencillas como este cerro y sus animales. No sabes la pena que me da ver como dejan su basura por todos lados sin importarles nada. No sabes la pena que me da al ver como cada vez más se separan más. Cada día veo más rejas, más cercas, más alambres de púa.
Las cosas han cambiado. No me doy cuenta como los años pasan y las hojas del calendario se caen como las mías en otoño. Todo es ruido, molestia, desagrado. Ya no disfruto ver los autos pasar, ahora son demasiados. El gris cada vez se impone ante el verde, el verde esmeralda, el verde esperanza. Casas, departamentos, cemento y asfalto. La tierra estorba para que los autos avancen, para que el progreso avance. Veo como la gente no ve a la gente, no ve a los pájaros ni a las lagartijas ni a los espinos ni a los eucaliptus. Mi padre tiene un pulmón roto y mi madre se seca con los años y yo aquí soy testigo de tu vida. Vi cuando saliste del hospital, vi cuando te fueron a dejar al colegio, vi como me mirabas de lejos, vi cuando tu bicicleta se estacionó a mi lado y fumabas a escondidas, vi como partías todas las mañanas ya convertido en un hombre esperando el tren a Valparaíso. Y yo sigo aquí, mirando como tus hijos me miran desde la ventana de tu casa.
Hay dos hombres bajo mi sombra, ellos no quieren invitarme a compartir con ellos. Ellos no vienen con su bici a verme. Ellos no vienen a comer vienesas ni mucho menos a jugar guerra de tótems. Ellos son mis verdugos. La modernidad ya dictó mi sentencia y yo le estorbo. Si yo hablara… si yo hablara les preguntaría que daño les hace un árbol viejo, triste y huacho. Adelante, comiencen su ritual. Trato de aguantar el dolor que me provocan sus maquinas. Mi madre esta triste, mi padre está furioso. Siento que millones de ojos me observan, pero no saben que soy yo quien los vigila. Siento que esos ojos lloran, siento que esos recuerdos a mi lado son aquellas lagrimas que caen por aquellas mejillas. Recuérdenlo, yo soy el árbol huacho y ustedes fueron mis grandes compañeros.
Mi cuerpo cae, mis hojas se secan pero mi recuerdo seguirá en estos cerros, en esta ciudad y en sus corazones. Hasta siempre queridos amigos, gracias por compartir un segundo de sus vidas junto a este árbol solitario.

domingo, 4 de abril de 2010


¿Dispara usted o dispara yo?

Dispara usted o disparo yo
Le dijo el corazón a la razón
Dispara usted o disparo yo
Dijo el cura Hasbún en nombre de Dios
Dispara usted o disparo yo
Dijo mi alma gemela cuando agonizó
Dispara usted o disparo yo
Le dijo un milico a su cabo mayor
Dispara usted o disparo yo
Dijo Don Francisco en su famoso Show
Dispara usted o disparo yo
Y Don Francisco continúo…

“No se arrepentirá de participar
Grandes premios recibirá
Grandes personajes lo han jugado
Eso si no con muy buenos resultados
¿Tienes mucho que arriesgar?
Tu vida miserable y nada más
Vale la pena
Acaso no quieres más y más
¿Para qué quieres honor?
Si estas lleno de ambición
Anda aprieta el gatillo
Ya pues ¿dispara usted o disparo yo?