viernes, 19 de febrero de 2010




Libertad con 1 Norte.


Son como las ocho de la noche más o menos, tengo una reunión importante en Valparaíso y ya voy más que atrasado. Hoy fue un día complicado, los niños estuvieron más inquietos que de costumbre y no es para menos, para mí y para ellos es desgastante estar las últimas cuatro horas del último día de la semana con la misma clase, pero la Vieja de UTP no entiende, como ella lo único que hace es jugar solitario y mandar “regalos para profes” a sus amigas por facebook en su oficina. Por lo menos en mi auto, que arto costó comprármelo, tengo un momento de intimidad con mi música, por lo menos así no pienso que tengo que buscar casa, que la marcela ya no está conmigo y que tengo que pagar el dinero del crédito universitario.

Estoy escuchando el disco en vivo De la cabeza de Bersuit Vergarabat para animarme un poco, aunque ahora están sonando los temas lentos. Estoy en el infernal taco de libertad con uno norte en Viña del Mar y el semáforo muestra su luz roja. Empezó la canción “un pacto” y en medio del paso de cebra aparece una niña con unas cadenas con fuego y como si estuviera escuchando mi disco comenzó a moverse al ritmo de la música. Era morena, delgada, vestía de negro y su peinado era solo un improvisado tomate afirmado por un lápiz bic.

Se movía con una facilidad increíble al hacer girar sus cadenas. Mientras ella jugaba con fuego un tipo tocaba percusiones en la berma. “La veo, me sonrojo y tiemblo” En ese momento el tiempo se detuvo. La calle no era calle, mi auto no era auto sino una butaca de cine y el paso de cebra un escenario de un teatro antiguo. Yo era el único espectador y ella el único espectáculo. Sin darme cuenta cómo, sus cadenas se convirtieron en dos dragones de fuego que bailaban a su alrededor sincronizados a sus movimientos como si los hubiera domesticado o algo así. Los dragones se desvanecieron en el aire y ella se despide haciendo una reverencia como las que hacen los actores al terminar una obra

“…un pacto para vivir…un pacto para vivir…Un pacto para vivir…”

La canción terminó y ella pasa por los autos recogiendo las cooperaciones. Aparece en la ventana de mi auto y estira su mano. Yo le doy una luca y ella me regala una sonrisa (que sonrisa más linda) Con ese gesto terminó de iluminar mis ojos.
Después de pasar por casi todos los autos ella se acerca a la berma donde estaba el tipo con las percusiones, le muestra el billete feliz, le da un beso tierno en la boca y lo abraza. En ese momento sentí el pecho apretado y un nudo en la garganta, como si aquella joven hubiera sido alguien que he amado desde hace tiempo y me entero de que esta con alguien “que idiota me hace el amor” Al ver su felicidad me tranquilicé, incluso me pegue en la cabeza por mi estupidez.

Las bocinas sonaban muy fuerte y el semáforo estaba en verde hace rato. Seguí mi camino y volví a la realidad. En la radio sonaba “que linda que estas, sos un caramelo…” y recordé a Marcela.