viernes, 22 de enero de 2010


A ti (o la elegía a la abuelita Teresa)

Millones de recuerdos contigo

Están recorriendo cada minuto

Que se desvanece

Mi peluche de pájaro loco

El de Donatello, mi tortuga ninja favorita

Y así siempre, con el mono de moda

Cada navidad envuelto en papel de regalo

Y relleno de géneros viejos

Mi gato Juanito, Pikachu entre otros

Y así se caían las hojas del calendario

Eran los años noventa

El cabezón Marcelo los domingos

El mundo de Bobby antes de almuerzo

Y los sábados al puerto

Siempre he querido volver a esa calle

Tu antigua casa

Donde cada fin de año los fuegos artificiales

Se veían como nunca

Y tú poniéndome algodón en los oídos

Para que no me dolieran

Y así caían las horas

Y así caía el alimento de tus peces en tu acuario

Era enorme

Pasaba toda la tarde viendo el color de los peces

Corriendo por el agua

Viendo al buzo que inmóvil me saludaba cada fin de semana

Que los caracoles limpiaban el vidrio

Que los besadores se pegaban al vidrio

Que los caracios son difíciles de encontrar

Y caía al suelo tu rosario enorme hecho de caracoles

¿Sabes de qué me estoy acordando?

De los días viernes

Cerca de las nueve de la mañana

Nos despertabas  con una bolsa de pan

De la panadería Serrano

Hallullas con chicharrones calentitas, margarina

Queso Valdivia y Cervecero

Y al almuerzo un buen bistec con arroz

Tú picabas el ajo y nos peleábamos por quien

Se comía el jugo que quedaba en el sartén

Tú siempre ganabas

Aunque con el tiempo me hice más rápido

Siempre ocupada

Siempre en el jardín cortando Rosas

Hortensias, Gladiolos y perejil para la ensalada

Como le gustaba a la abuelita Cecilia

Y así caía la arena del reloj

Y caí el tomillo a la fritanga de la salsa

Déjame contarte un secreto

Se te pegaban los fideos

Y yo a escondidas le echaba aceite al agua

Me reía por dentro cuando me decías

“ves que no necesitaba aceite”

La fritura para la  cazuela se fríe por ambos lados

36 cucharas de azúcar y un poco de agua

Fuego lento, mete una cuchara y sácala

Si queda un hilito está listo

Sino el merengue quedara blando

Espera que todas las papas estén flotando

Y las sacas, nada más que eso

El aceite esta hirviendo

Y la rabia también

“Cuando me pasen mi plata nos vamos de aquí y

Trabajamos los dos”

Que tu papá no se afirma nunca

Que tu tío no viene casi nunca

Que Juanito, Que Figueroa, Que la Susana

Y asa caían las monedas para viajar

Así caía la pena

Que la Lactulosa, Que el Omeprasol

Que la abuela esta en el hospital

Tranquilo ya pasó

Sabes de qué me acuerdo

De mi pelo caer al suelo

Una vez al mes

De los animales de mostacilla

Del Eduardo, La Vania y la María Cecilia

De repente los veo

De repente no

De las historias que me contabas

Que el demonio se apareció en Huanhualli

Que tu amigo quería sus Zapatos

Que la virgen jamás estuvo en Villa Alemana

De la Cazuela del día domingo

De la salsa peruana para la carne del aniversario

Del canario que se sumaba a tu colección

Después de las peleas con Juanito

De que tu loro cantaba un tema de Pedro Fernández

De la Mona, el Mono, El Matías y el Pascual

De la tijera de podar que siempre se escondía de ti

De ti

De ti me acuerdo

A ti te agradezco

Por enseñarme  a hacer mayonesa, pie de limón y tantas cosas

Por recordarle a mi papá que ya no está en la marina

Por  todas las tazas de café

(Una de café y dos de azúcar)

Y ahora descansa

Estuviste toda tu vida encerrada en esa Liga ingrata

Llegó la hora de salir de ahí

De reencontrarte con la abuela Cecilia

Y dile que estoy bien

Que estoy grande

Que estoy en la universidad

Que jamás me conociste una polola

Pero que si al amor de mi vida

Que todo está al revés

Descansa

Ya nadie te va a molestar

Nadie te va a obligar a tomarte los remedios

Descansa

Ya no hay que preocuparse por nada

Ya todo se desvaneció

Tu misión termino

Hacer las mejores papas fritas de la región

Mantener viva una agónica institución

Descansa

Duerme

Sueña

Acompáñanos de donde estés

Ya me las arreglaré

Todos los domingos en tu nombre me tomaré una taza café.

 

 

 

 

domingo, 10 de enero de 2010

Hospital de Quilpué


Cuarenta de fiebre. Me mareo, las cosas se mueven para todos lados, mi mamá está incondicionalmente junto a mí. Detesto este olor, entre suero, cloro y huevadas de limpieza.

Me siento en esta “sala de espera, sin esperanza” y el asiento es tan incomodo como una butaca de cine porno. Esta fiebre maldita me está haciendo ver cosas que no son. Son las once de la mañana y veo desfigurarse el rostro de Felipe Camiroaga en la pantalla del televisor de la sala, tampoco distingo lo que hablan, siento como si estuvieran en cámara lenta. Guaguas llorando, abuelos quejándose, su……dor, dolor…. de cabeza, se me cie…rran los……………ojos.

Despierto de golpe con el ruido de los vidrios quebrados que dejó una ambulancia que entró con todo a la sala echando abajo la puerta y los ventanales. Dejó a dos personas heridas que fueron atendidas inmediatamente.

Las caras de todos lo que estaban ahí ahora tienen una sonrisa incrustada que da miedo y se ríen a carcajadas de los chistes fomes de Álvaro Salas en el matinal. La ambulancia sigue ahí, nadie se ha bajado o a nadie han bajado y tampoco a nadie le importa, ¡están cegados con el humor repetido de Álvaro Salas!  Una madre muy joven va con su hijo en brazo y se acercan a la ventanilla de informaciones.

-Muy muy bueeeenos días, es un placer que usted haya preferido nuestro hospital, espero que se sienta cómoda porque está en muy muy bueeeenas manos. Si gusta se sirve un café, es totalmente gratuito. Ya pues, no sea tímida, el café está muy muy bueeeeno…-Dijo después de pasar su dedo índice por la lengua para cambiar de pagina de un gran libro de actas.

El bebé saca de la cartera de su mamá un enorme puro cubano y un encendedor de esos que no se apagan (creo que Zippo es la marca) le da una quemada y le dice a la secretaria con una voz grave.

-Mira, metete el café donde mejor te quepa, estoy esperando hace mas de tres horas y media a que me hagan el puto control de niños sanos. Estoy cagao de hambre, creí que mi vieja tiene todo el tiempo del mundo huevoncita ah?

Esta con la cara inmóvil  le sonríe de oreja a oreja y le dice

-Muy muy bueeeenos días, es un placer que usted haya preferido nuestro hospital, espero que…

Y el pequeño dice a regaña dientes con el habano en sus manos

-Con estas huevonas nunca se puede hablar.

De adentro de la ambulancia empieza a sonar “Im the walrus” de Los Beatles. La gente empieza a aplaudir como si estuviera en un programa de televisión. Lo que me asusta aun mas, mi madre no está en ninguna parte. Se empieza abrir la puerta trasera de la ambulancia salen luces de colores como esas que ponen en las fiestas y la música de Los Beatles empieza a sonar nuevamente y de ella salen un grupo de enfermeros Clowns con unos zapatos enormes, narices rojas, pelo de colores y cara de sicópatas. Con mucho esfuerzo, demostrado con su pantomima, sacan al enfermo de la camilla. Dentro de ella no había nada y de la nada aparece una mimo gorda llorando en la a un lado de la camilla, los payasos se ríen de ella incluso le tiran agua con una pistola. En la sala de espera todos se reían desesperadamente y aplauden, aplauden y aplauden como zombies, como robots, como simple marionetas manejadas por un titiritero borracho. El espectáculo para mi es deplorable, la cara de sufrimiento de la señora mimo es cada vez más conmovedora y exagerada. Mi cabeza da vueltas y vueltas “como si hubiera bebido sicuta hermana vieja”

Caigo al suelo como  saco de papas y me rio de la nada como si me hubiera fumado un cogollo mutante.

Despierto… y algo me aprieta el brazo, una enfermera tosca que más parece acomodadora de Homecenter se le olvidó que me estaba tomando la presión. Ella fumaba uno de esos cigarros baratos y no se dio cuenta que huí, recorrí los pasillos del malogrado hospital y fue detenido por un par de brutos enfermeros navales que me amarraron a la camilla. Llegó el doctor, que debió haberse titulado en una universidad de poca monta, me tomó la temperatura, con su mano fría como un Helado York.

-¿Qué es lo que tiene?

-eeeeee fieb… respondo y él me interrumpe

-mmm Dipirona

-¡Pero soy alérgico doctor!

-mmm Dipirona, no hay duda.

No pudiendo escapar se me acerca el doctor con una jeringa de dos de casi 70 cm. No soporto el olor a pipeño que sale de su boca, la jeringa está a punto de atravesar mi apretado brazo y grito, grito, grito…

En la sala de espera todos me miran extraño… mi mamá me tiene abrazado.

RENE GONZALES… la secretaria dice mi nombre y a mi la fiebre se me quitó de golpe.