domingo, 4 de octubre de 2009

Viajar en Dhinos




Terminal de buses San Felipe. Viernes 18:00. Buses con destino a La Calera, Quillota, Limache, Peña blanca, Quilpué, Viña del Mar y Valparaíso, Salida a las 18:30.
-Disculpe, ¿le quedan pasajes para las seis y media?
-No mijito, se acaba de ir el último. La expresión que menos se me ocurrió en ese momento fue ¡rayos! Me espera un largo viaje de pie.

Miro el paisaje mientras espero el maldito Dhinos y nada interesante, lo mismo de todos los viernes, gente con cara de “no me hueveen”, muchas parejas jóvenes demostrando su amor de una manera que llega a ser incomoda, algunos de mendigos pidiendo plata para empinar el codo y un par de personas con las que he hablado un par de veces pero me da lata saludarlas.

18:45. –La Calera, Quillota-Dice el parrillero. La gente se apelotona alrededor de la puerta del pequeño bus verde. Los que tuvieron la suerte de comprar un puto pasaje se sientan cómodamente (ni tan cómoda, el espacio es tan reducido que a los veinte minutos de viaje las piernas se duermen) y no sé si de rabia o de envidia sientes que se ríen en tu cara. El bus en un abrir y cerrar los ojos se repleto, pasando su capacidad. Compararse con un rebaño de ovejas en un camión es poco, Compararse con una lata de sardinas es poco.
19:00. Suena el ruido del motor y los pasajeros hacen gestos sonoros y quinésicos de alivio.
No pasan ni cinco minutos y toma más pasajeros. Los demás pasajeros reclaman con una rechifla que no pasa desapercibida.

Falta el oxigeno. Se escuchan mil voces a la vez. Alguien olvido echarse desodorante. Mi cuerpo y el de los demás comienzan a sudar imparablemente. 19:18.
Fin zona urbana San Felipe.
Desde la parte delantera del bus se ven unos brazos en alto con un talonario de boletos en la mano. De una manera impresiónate cual contorsionista el parrillero se pasea por la micro con gran facilidad pasando por toda la madeja de brazos, codos, cinturas, piernas que se formó al ingresar toda la gente cobrándole a cada uno su pasaje(mínimo merece un aplauso).
– ¿Donde va?
-Quilpué, estudiante por favor
–son mil cien. De una manera que yo mismo me sorprendo logro sacar la billetera del bolsillo sin tocar a nadie.
20:03. Llay – Llay. El bus para. Suben, aunque suene increíble, fácilmente alrededor de siete personas.
–Háganse un poquitito pal fondo por favor-.
La rechifla esta vez aumenta considerablemente y yo participo de ella agregando lo peor de mi vocabulario. El Dhinos se pone en marcha. Tengo hambre y no soy el único, la cara de las demás personas es un espectáculo denigrante. Un pendejo olvida lo que se llaman audífonos y pone en altavoz su celular con un reggaetón diabólico.

20:45. Ya se han bajado algunos pasajeros, no muchos.
Bienvenidos a La Calera. Algunos se bajan cerca del puente Artificio pero la mayoría desciende en el centro. En esta chatarra móvil, solo quedamos yo, un tipo con pinta de camionero (creo que viene de Los Andes porque estaba de ahí antes que nos subiéramos) y una señora de bastante edad que menos mal logró sentarse. Espero que lo barato del pasaje no salga caro en su salud. De la nada comienza a lloviznar y el viento norte se hace más fuerte y la inofensiva “mata pajaritos” se convierte en un temporal. 21:15 y el bus aun está en La Calera se va lentamente intentando agarrar mas pasajeros, los cuales producto de la lluvia se han refugiado en sus casas. 21:33 el bus se comienza a mojar por dentro, hay olor a humedad, se siente el frio pasar por debajo del pantalón. Qué bueno que la señora se bajo en La Cruz.

Hace cinco minutos que estamos parados en la ex disco Valentino de Quillota. La lluvia ha comenzado a apaciguar pero no tanto. Quiero llegar a mi casa. Casi no siento mi trasero. Empiezo a tener pensamientos homicidas contra el chofer y el parrillero quien curiosa y burlescamente se comen unos sándwiches y se cagan de risa mientras nosotros, nos morimos de hambre y frio. Los pasajeros comienzan a rechiflar y a hacer bulla con sus pies. Subió un par de gente y se puso en marcha nueva mente
21:48. Por fin estamos saliendo de Quillota. Por la ventana se pueden apreciar las calles inundadas, llenas de barro. El chofer moja a alguien que intentaba cruzar a la otra calle con su infernal micro y el con su secuaz (el parrillero) se ríen como brujas al terminar un conjuro.

El bus para en un paradero cerca de San Pedro - “tay a treh de la cinco”- dijo el sapo, que en realidad parecía un anfibio, por su parca verde mojada.
22:05 -Se pueden cambiar al bus de adelante por favor- estas fueron las palabras más desafortunadas que pudo haber dicho el parrillero. Esta vez nadie silbó, nadie hizo ruido, nadie se movió. Solo lo miramos todos con una cara de hambre, sueño, cansancio, sed y ahora odio. –Ya po, se van a bajar o no- dijo con un tono de amenaza flayte. Todos nos pusimos de pie y nos dirigimos como bestias hacia el parrillero quien huyó despavorido hacia afuera del bus. Un grupo lo siguió hasta que lo tomaron y con unas bufandas lo amarraron de manos y pies. Otros nos encargamos de chofer y con polerones también lo amarramos de la misma manera. Nos dirigimos al bus de adelante. El otro chofer en estado de shock no alcanzo a escapar y no pudo hacer más que abrirnos la puerta para meter a los seudohumanos y seguir raudamente su camino. Los pasajeros de este bus aplaudieron la medida, quizás saben lo que es viajar en Dhinos.
Nos subimos a nuestro bus y el hombre que iba viajando desde Los Andes, que en realidad era un camionero, tomó el volante y nos pusimos en marcha. Que importaban los pacos, por fin nos íbamos a casa.
22:20 Limache.
22:45 Villa Alemana.
23:05 Centro de Quilpué.
Pan, Techo, abrigo, familia, un café caliente, leer cerca de la estufa, mi casa, dormir, descansar, reír.

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