sábado, 10 de octubre de 2009


Cerrado con Candado

Pueblo fantasma
Triste
Donde un ángel ciego se perdió

Solo y pensando en nada
Dentro de mi habitación

Los arreboles y crepúsculos
De mi imaginación

Una pregunta
Una respuesta
Complicada situación

Las cosas cambian
Suben
Bajan
Se hacen piedra a la vez

El intermedio obligado
Entre la vejes y la niñez

 

Y los recuerdos de un amor
Nunca olvidado
Que aunque no quieras
Aceptarlo está cerrado con candados

¡Que es todo esto!
¡Que es lo que pasa!
¡Quien apago todas
las luces de mi casa!

¡Que es todo esto!
¡Que es lo que pasa!
Soy solo un pez
Alimentado con migajas

¡Que es todo esto,
Que no lo entiendo!
Es la última etapa de
algún juego de nintendo

domingo, 4 de octubre de 2009


La Muerte

Ahí viene la muerte
Silbando despacio
Quemando todos los claveles
Que se encuentra a su paso

Ahí viene la muerte
Galopando fuerte
Multiplicando por cero
Los sueños que están en tu mente

Ahí viene la muerte
Galopando fuerte
Cumpliendo todos su deseos
Incluso el de ser presidente

Un molino de viento
Se volvió un tormento
Más hostil que las brujas
De todos los cuentos

Ahí viene la muerte
Riéndose fuerte y
Vendiendo pomadas
Entre casi toda la gente

Ahí viene la muerte
De terno y corbata
Comiendo a destajo
Comida de rey en vasija de plata

Y caen del cielo
Ángeles de fuego
Capaz de curar los males
De todos los tiempos

Y en un escenario
Bailó el narratario
Del poeta maldito
Que murió hace años y años

Ahí pasó la muerte
Riéndose fuerte de
Los que pensaron que
Estar vivo es algo
Permanente.

El Ermitaño


Por las calles camina un hombre solitario, nadie lo ve, todos están preocupados en sí mismos y en nadie más. A él tampoco le interesa ser visto. El no tiene más de 60 años, tiene una barba de viejo pascuero y el pelo un tanto largo, el cual está cubierto por un gorro de lana, como los que nos tejen las abuelas, de color azul marino. Sus ropas, un abrigo largo de color gris y bajo el un chaleco de alpaca de color beige. Sus piernas son cubiertas por un pantalón de mezclilla azul bastante desgastado, pero no roto y sus pies por unos grandes bototos de color café. Nada le combina, pero a él no le importa, las modas solo sirven para uniformar a las personas.
Mide alrededor de un metro ochenta y pesa alrededor de 87 kilos. Sus ojos son un poco achinados y de un color un poco más oscuro que la miel. Su rostro está lleno de arrugas, pero de esas que aparecen cuando nos reímos al lado de los ojos como unas patitas de gallo. Su piel se ve un poco gruesa y tostada como si hubiera pasado mucho tiempo bajo el sol, esto se ve reflejado en sus manos y en su cara.
Solo va a la cuidad a comprar lo indispensable para subsistir: Un poco de pan, unas sopas Maggie, un paquete de fideos y uno de arroz, algo de carne, verduras y por qué no un chocolate con almendras y un Belmont rojo de 20. Toma sus bolsas y se va a su casa. Camina como si no tuviera rumbo. Ya se ha alejado de la cuidad. El cemento de las calles ahora es tierra que mancha sus bototos, pero a él no le importa. A esa distancia el alumbrado eléctrico ya no existe, solo la luz de la luna lo acompaña.
Llega a la falda de un cerro lleno de arboles y de uno de ellos saca un farol, de su bolsillo saca una caja de fósforos que tenia la imagen de Freddy Mercury, toma uno, lo pasa por la parte áspera de la caja y con su fuego enciende el farol. Es un largo camino a casa. Se hunde en la profundidad de la vegetación. Camina por un sendero que el ya se sabe de memoria. Sube el cerro. Se queda quieto a escuchar los grillos. Le encantan los grillos. Cierra los ojos un momento y empieza a contar cuantos hay en escena, como si se tratara de una orquesta sinfónica. Sigue su camino. Las liebres y codornices arrancan cuando oyen sus pasos. No saben que el no es como las demás personas, que no les hará daño.
Saca uno de sus cigarros, lo enciende y aspira el humo lentamente, siente como camina por su tráquea hasta llegar a sus pulmones. Luego exhala y sale por su boca en forma de una paloma, quien da un par de vueltas y se deshace en el aire. Sonríe y sigue caminando.
Llega a su casa, la cual está ubicada en la cima del cerro. Abre la puerta, enciende unas velas, deja sus bolsas en un viejo sillón que tiene en su comedor y cuelga su abrigo en un perchero que se encontró hace un par de años saliendo de la ciudad. Se va a su habitación. Tiene una repisa llena de libros entre los títulos de la colección se encuentran El principito, La tregua de Benedetti, La Odisea, el antiguo testamento, La vida es sueño de Calderón, Don Quijote, Martin Rivas, el Aleph de Borges y su favorito, Cien años de soledad.
Se pone su pijama y se acuesta. Lee un momento medio dormido en una revista Muy Interesante que estaba en su velador un artículo sobre la flora y la fauna marina. Se duerme…
Abre los ojos. Esta en un playa muy linda. Tiene grandes montañas, debe ser una isla. Llora de emoción. Extrañaba el mar. Desde que se fue de su casa cuando era solo un adolecente que no lo veía. Desde que se fue su vida se basaba en estar en la soledad que amaba más que a nada. Solo acompañado por la orquesta de grillos y los personajes de los libros que leía. Y bajar una vez a la semana a la cuidad a comprar lo necesario para subsistir. Escuchaba el mar rugir y con un nudo en la garganta ríe de felicidad. Poco a poco se acerca a la orilla se saca los bototos y se moja los pies con la marea. Una lágrima cae de sus ojos y es absorbida por su barba. Camina hacia el mar, esta vez el agua salada le llega hasta el tronco se saca los pantalones, los tira, al igual que su camiseta. Ya no los necesita. Da un salto y se sumerge entregado totalmente a Poseidón. Nada, da vueltas de carnero en el mar, ve el sol reflejado en la superficie. Disfruta sentir su cuerpo contra la presión del mar. Logra respirar bajo el agua y juega con los peces que se le acercan curiosos. Toca los corales, un caballo de mar da vueltas alrededor de su cabeza y el sonríe y lo sigue. El espectáculo es indescriptible, una gama infinita de colores lo embriagan.
El ermitaño sigue al hipocampo rápidamente. Y su cuerpo comienza a desfragmentarse, convirtiéndose en un cardumen de peces de colores que bailan como si hubieran estado en encerrados mucho tiempo con las aletas amarradas. El cardumen se separa y cada pez toma su rumbo. El mar devuelve sus ropas a la orilla las cuales se convierten en arena…
El hombre solitario despierta. Aun está en su cama. Le echa un vistazo al artículo y ve a los peces de las fotografías. Suelta una lágrima. Se levanta, tomaría un nuevo rumbo y se llevaría todo lo necesario para subsistir, unas sopas Maggie, su abrigo, un paquete fideos y uno de arroz, su gorro de lana color azul marino –que lindo color- se diría a si mismo, el chocolate con almendras, lo que queda de los cigarros y por qué no un traje de baño…

Viajar en Dhinos




Terminal de buses San Felipe. Viernes 18:00. Buses con destino a La Calera, Quillota, Limache, Peña blanca, Quilpué, Viña del Mar y Valparaíso, Salida a las 18:30.
-Disculpe, ¿le quedan pasajes para las seis y media?
-No mijito, se acaba de ir el último. La expresión que menos se me ocurrió en ese momento fue ¡rayos! Me espera un largo viaje de pie.

Miro el paisaje mientras espero el maldito Dhinos y nada interesante, lo mismo de todos los viernes, gente con cara de “no me hueveen”, muchas parejas jóvenes demostrando su amor de una manera que llega a ser incomoda, algunos de mendigos pidiendo plata para empinar el codo y un par de personas con las que he hablado un par de veces pero me da lata saludarlas.

18:45. –La Calera, Quillota-Dice el parrillero. La gente se apelotona alrededor de la puerta del pequeño bus verde. Los que tuvieron la suerte de comprar un puto pasaje se sientan cómodamente (ni tan cómoda, el espacio es tan reducido que a los veinte minutos de viaje las piernas se duermen) y no sé si de rabia o de envidia sientes que se ríen en tu cara. El bus en un abrir y cerrar los ojos se repleto, pasando su capacidad. Compararse con un rebaño de ovejas en un camión es poco, Compararse con una lata de sardinas es poco.
19:00. Suena el ruido del motor y los pasajeros hacen gestos sonoros y quinésicos de alivio.
No pasan ni cinco minutos y toma más pasajeros. Los demás pasajeros reclaman con una rechifla que no pasa desapercibida.

Falta el oxigeno. Se escuchan mil voces a la vez. Alguien olvido echarse desodorante. Mi cuerpo y el de los demás comienzan a sudar imparablemente. 19:18.
Fin zona urbana San Felipe.
Desde la parte delantera del bus se ven unos brazos en alto con un talonario de boletos en la mano. De una manera impresiónate cual contorsionista el parrillero se pasea por la micro con gran facilidad pasando por toda la madeja de brazos, codos, cinturas, piernas que se formó al ingresar toda la gente cobrándole a cada uno su pasaje(mínimo merece un aplauso).
– ¿Donde va?
-Quilpué, estudiante por favor
–son mil cien. De una manera que yo mismo me sorprendo logro sacar la billetera del bolsillo sin tocar a nadie.
20:03. Llay – Llay. El bus para. Suben, aunque suene increíble, fácilmente alrededor de siete personas.
–Háganse un poquitito pal fondo por favor-.
La rechifla esta vez aumenta considerablemente y yo participo de ella agregando lo peor de mi vocabulario. El Dhinos se pone en marcha. Tengo hambre y no soy el único, la cara de las demás personas es un espectáculo denigrante. Un pendejo olvida lo que se llaman audífonos y pone en altavoz su celular con un reggaetón diabólico.

20:45. Ya se han bajado algunos pasajeros, no muchos.
Bienvenidos a La Calera. Algunos se bajan cerca del puente Artificio pero la mayoría desciende en el centro. En esta chatarra móvil, solo quedamos yo, un tipo con pinta de camionero (creo que viene de Los Andes porque estaba de ahí antes que nos subiéramos) y una señora de bastante edad que menos mal logró sentarse. Espero que lo barato del pasaje no salga caro en su salud. De la nada comienza a lloviznar y el viento norte se hace más fuerte y la inofensiva “mata pajaritos” se convierte en un temporal. 21:15 y el bus aun está en La Calera se va lentamente intentando agarrar mas pasajeros, los cuales producto de la lluvia se han refugiado en sus casas. 21:33 el bus se comienza a mojar por dentro, hay olor a humedad, se siente el frio pasar por debajo del pantalón. Qué bueno que la señora se bajo en La Cruz.

Hace cinco minutos que estamos parados en la ex disco Valentino de Quillota. La lluvia ha comenzado a apaciguar pero no tanto. Quiero llegar a mi casa. Casi no siento mi trasero. Empiezo a tener pensamientos homicidas contra el chofer y el parrillero quien curiosa y burlescamente se comen unos sándwiches y se cagan de risa mientras nosotros, nos morimos de hambre y frio. Los pasajeros comienzan a rechiflar y a hacer bulla con sus pies. Subió un par de gente y se puso en marcha nueva mente
21:48. Por fin estamos saliendo de Quillota. Por la ventana se pueden apreciar las calles inundadas, llenas de barro. El chofer moja a alguien que intentaba cruzar a la otra calle con su infernal micro y el con su secuaz (el parrillero) se ríen como brujas al terminar un conjuro.

El bus para en un paradero cerca de San Pedro - “tay a treh de la cinco”- dijo el sapo, que en realidad parecía un anfibio, por su parca verde mojada.
22:05 -Se pueden cambiar al bus de adelante por favor- estas fueron las palabras más desafortunadas que pudo haber dicho el parrillero. Esta vez nadie silbó, nadie hizo ruido, nadie se movió. Solo lo miramos todos con una cara de hambre, sueño, cansancio, sed y ahora odio. –Ya po, se van a bajar o no- dijo con un tono de amenaza flayte. Todos nos pusimos de pie y nos dirigimos como bestias hacia el parrillero quien huyó despavorido hacia afuera del bus. Un grupo lo siguió hasta que lo tomaron y con unas bufandas lo amarraron de manos y pies. Otros nos encargamos de chofer y con polerones también lo amarramos de la misma manera. Nos dirigimos al bus de adelante. El otro chofer en estado de shock no alcanzo a escapar y no pudo hacer más que abrirnos la puerta para meter a los seudohumanos y seguir raudamente su camino. Los pasajeros de este bus aplaudieron la medida, quizás saben lo que es viajar en Dhinos.
Nos subimos a nuestro bus y el hombre que iba viajando desde Los Andes, que en realidad era un camionero, tomó el volante y nos pusimos en marcha. Que importaban los pacos, por fin nos íbamos a casa.
22:20 Limache.
22:45 Villa Alemana.
23:05 Centro de Quilpué.
Pan, Techo, abrigo, familia, un café caliente, leer cerca de la estufa, mi casa, dormir, descansar, reír.